Se extendió descarada en la cama, se sacó la peluca y secó su cuero cabelludo debilitado por la quimioterapia. Con la brisa de la tarde, el microclima de la habitación se hacía delicioso. Esa noche había tomado varias decisiones importantes. Ese año no moriría, tal vez luego, pero ese año no se le antojaba renunciar.






















