Blindar al medio ambiente en la discusión limítrofe

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En buena hora, un grupo de personalidades y organizaciones de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, les solicitaron a los gobiernos de Colombia y Nicaragua que, al margen de sus diferencias limítrofes, exploren la posibilidad de una Reserva de Biosfera Transfronteriza del Caribe Suroccidental, para ‘blindar’ a la naturaleza de dicha discusión.

Aseveran, en su declaración, que no ha existido hasta ahora una visión integral para la conservación armónica de la Reserva de Biósfera Seaflower –la tercera formación coralina más grande del mundo–, hogar de más de 150 especies de aves, 400 de peces y 57 de coral, además de ser fuente principal de recursos económicos para la población étnica raizal.

Además, así como los habitantes de la región han sido ignorados en los diferendos y acuerdos limítrofes marítimos –como lo señaló con claridad la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en su fallo del 19/11/2012–, el factor ambiental tampoco ha sido de relevancia para quienes avizoran el Caribe con el catalejo capitalino de Bogotá y Managua.

Así las cosas, los firmantes incluyeron en su oportuno llamado –además de los gobiernos de Colombia y Nicaragua– a los de Costa Rica, Panamá, Honduras y Jamaica, para que se sumen a los diálogos siguiendo el ejemplo de otras Reservas Transfronterizas reconocidas por la UNESCO, como la que gestionan conjuntamente Guatemala, Honduras y El Salvador.


Los habitantes del Caribe occidental han sabido mantener su identidad histórica más allá de las fronteras cartográficas que los dividen. Por esta razón, exigen respeto por esa misma identidad y su íntima relación con los ecosistemas que los rodean y el mar que comparten. El paisaje puede existir sin el hombre, pero jamás al revés.

Y, claro está, no se puede pretender que las especies reconozcan límites en el mar.

Última actualización ( Lunes, 19 de Abril de 2021 11:08 )