"Estaba seguro que vendrías"

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Son bastantes los desertores, y se pueden contar variadas historias de proyectos fracasados, y de amistades traicionadas. Anthony De Mello nos narra esta bella historia de dos amigos:

-Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para ir a buscarlo.
-Permiso denegado. No quiero que arriesgue usted su vida por un hombre que probablemente ha muerto. Replicó el general.
Desobedeciendo la prohibición, el soldado salió y una hora más tarde regresó gravemente herido transportando el cadáver de su amigo. El oficial estaba furioso: -¡Le dije que había muerto! Dígame, ¿¡valía la pena ir allí para traer un cadáver!?
Y el soldado moribundo respondió: -Claro que sí, señor. Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme "estaba seguro de que vendrías".

Qué bella y conmovedora historia. Existen relaciones laborales, familiares, matrimoniales, amorosas, profesionales, de parranda, y otras tantas, pero entre todas, la amistad verdadera es la relación más durable, más fiel, más permanente, porque surge sin que haya ningún interés de por medio.

En la palabra de Dios de este Domingo, Jesús nos pide permanecer con Jesús. Y la manera más profunda de permanecer con él, es establecer una verdadera amistad. Para fortalecer esa amistad y permanecer en Cristo, nos da la Palabra varias estrategias. Menciono tres.

Primera. Para permanecer con Cristo se tiene que cultivar una gran amistad con Él. Jesús lo sabe bien, por eso nos pide, amar de verdad y con obras, no solo de palabra y de boca. La amistad con Jesucristo y la amistad con los demás es la base para poder permanecer con él. Pero esa amistad tiene que ser visible, que se pueda palpar y se pueda demostrar. Como el soldado que carga en sus brazos al amigo muerto, nosotros, tenemos que cargar en nuestros brazos a Jesús, el que ha muerto; además, cada domingo debemos traer en nuestros brazos las evidencias de las obras de amor realizadas durante la semana.

Segunda. Para permanecer en Cristo es indispensable hacer lo que a él le agrada. Los amigos se hacen porque hacen las mismas cosas, comparten gustos parecidos, se fundamentan en ideas similares. A Jesús le gusta que amemos al Padre celestial, que amemos a los demás, que busquemos la manera de servirlos y de hacerlos sentir bien. Tenemos que dejar la desobediencia espiritual, donde cada cual acomoda la religión a su medida y deja de lado las exigencias del Evangelio. La amistad se fortalece y permanece si hacemos lo que a Jesús le gusta, y se pierde si hacemos cosas que desagradan. “Si cumplimos sus mandamientos hacemos lo que a él le agrada”, nos dice la carta de san Juan. Nos equivocamos si pretendamos decir que somos muy amigos de Jesús, pero hacemos y vivimos de manera que a Jesús no le agrada.

Tercera. Para permanecer en Jesús es indispensable confiar plenamente en Él. “Tenemos plena confianza en Dios y cuanto pidamos, lo recibiremos del él”. Es poner la mirada fija en Jesucristo el hijo de Dios, confiar en él, y evitar estar haciendo miradas y coqueteos a otros supuestos amigos que nos alejan de Jesús. La amistad exige un alto grado de fidelidad. Dios confío ciegamente en Pablo, recién convertido, y lo llamó a anunciar su experiencia por todas partes. Confiar ciegamente en Dios, porque él confía ciegamente en nosotros.

La amistad más grande a la que podamos aspirar es a ser amigos de Jesucristo. Él es el amigo que nunca falla, y lo ha demostrado en la cruz. Allí, colgado, te mira y te dice: "estaba seguro de que vendrías". Lo mismo nosotros, cuando estemos colgados en la cruz y todo parezca derrumbarse, tenemos que decirle: “estaba seguro de que vendrías”. La amistad con Jesús nos salva. Permanezcamos en su amor.
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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

Última actualización ( Domingo, 02 de Mayo de 2021 04:50 )