Educación, trabajo y pandemia

Imprimir

Es claro que desde esas fechas de antaño (1866) a hoy es mucho el dolor y el sufrimiento que la clase obrera y asalariada ha padecido. Tampoco es de olvidar que en países como el nuestro las cosas no es que hayan mejorado tan sustancialmente. Pero esa lista de agravios dejémosla a otros, y sin soslayar el problema laboral, aboquemos el tema desde otra perspectiva.

Hasta no hace mucho, las generaciones precedentes crecían con la idea de estudiar, alcanzar un título profesional, lograr un empleo y así ascender en la escala social. Quizás hoy no sea extraño escuchar este argumento para justificar la asistencia a la Escuela. Ese empleo se caracterizaba por “tener una clara relación de dependencia, ser de tiempo completo, a término indefinido, con protección social para el trabajador y su familia y salarios reales con crecimiento lento pero sostenido, y facilidades para el acceso a préstamos con bajas tasas de interés”, según describe el investigador de la Universidad Nacional de Colombia, Sergio Monroy.

Este “paraíso”, como el del Edén, tampoco duró mucho, y el inicio del Siglo XXI fue la puerta de entrada a nuevas realidades laborales para las cuales no estábamos preparados (raro, ¿no?) y aparecieron fenómenos lesivos en contratación al facilitarse la llamada flexibilización laboral, es decir, “la eliminación, creación o modificación de regulaciones que permiten contratar o despedir empleados en las empresas”. También surgieron otros hechos que marcan de manera dramática la precarización del trabajo.

Hoy, un profesional universitario, con especialización o doctorado, difícilmente, a los 30 o 35 años de edad logra estabilidad laboral y su situación laboral ya no es como el sueño del siglo pasado, imponiendo a los jóvenes nuevas cargas de estudio dejando casi por completo su tiempo libre si es que desea ascender en “la escala social”.

Pero, otra vez, desearlo y lograrlo, no corren de la mano. Se requiere que el joven esté preparado para tomar decisiones difíciles, tal vez dolorosas, Como la de la movilidad laboral entendida como la disponibilidad de un trabajador para trasladarse de una región a otra o de un país a otro, así como para cambiar de actividad económica, además de tener habilidades que no necesariamente posee o que no ha perfeccionado pues en el aula tampoco le brindaron la oportunidad de hacerlo. Amén de la experiencia previa que le exigen si desea engancharse en algún empleo de relevancia.

Como se ve, son muchas las talanqueras y pocos los profesionales que logran hacer todo lo anterior.

Durante la década que acaba de terminar Colombia graduó cerca de 1.930.000 profesionales, la gran mayoría de ellos sin poder afrontar las condiciones que impone el mercado laboral. Y esta bendita pandemia ha hecho las cosas más difíciles, pues la deserción estudiantil crece, así como disminuye la calidad educativa y los problemas familiares, el estrés crecen y abaten al joven estudiante. Ellos no ven salida. No ven futuro.

Si las instituciones de Educación Superior se han visto en aprietos para mantener sus tradicionales niveles de calidad, qué esperar de las IEs de Educación Básica y Media con sus afugias diarias, abandono y desinterés de parte del gobierno y hasta de la misma comunidad educativa, especialmente las de más necesitados y alejados de los centros de poder y decisión. Sin recursos, sin capacitación docente, sin docentes y las Escuelas cerradas no es mucho lo que se debe esperar de esta generación de escolares abandonada a su suerte.

Sin embargo, la Escuela no está exenta de buscar con ahínco que sus estudiantes desplieguen su “capacidad crítica, reflexiva y analítica que fortalezca el avance científico y tecnológico nacional, orientado con prioridad al mejoramiento cultural y de la calidad de la vida de la población, a la participación en la búsqueda de alternativas de solución a los problemas y al progreso social y económico del país”.

El 'profe' Monroy nos deja esta advertencia: “Esta nueva realidad implica desafíos importantes en el plano individual, el familiar y el comunitario. El mundo del trabajo no es el mismo que antes y la pandemia lo seguirá transformando tal vez de formas inesperadas. Por eso es importante que las instituciones educativas y los estudiantes estén atentos para advertir los cambios alrededor del mundo del trabajo, y para cultivar la capacidad de construir nuevos relacionamientos y nuevas actitudes”.

--------------------
Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

Última actualización ( Sábado, 01 de Mayo de 2021 03:28 )