La corrupción en las islas...

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HAROL.BUSH2La corrupción está de moda y es una gran preocupación en todo el mundo. En las islas, el abuso de poder para beneficio personal afecta el desarrollo socioeconómico y disminuye la capacidad oficial de dar solución a muchos serios problemas, algo hecho más crítico por la crónica incompetencia gubernamental.

A pesar de la percepción ciudadana de que va en aumento, los estamentos políticos e institucionales del Departamento no le dan la atención merecida. No así la sociedad civil que, ayudada por la prensa, los medios sociales y derechos de petición, ha incrementado sus acciones contra el flagelo.

La corrupción es considerada el mayor cáncer de la sociedad moderna, con efectos corrosivos porque perpetua la pobreza, desestabiliza el orden legal e institucional; viola derechos humanos y permite que florezca el crimen organizado y otras fuentes de inseguridad como el narcotráfico. Todos los años miles de millones de pesos destinados a escuelas, hospitales, programas sociales y servicios esenciales y de infraestructura desaparecen en bolsillos privados. Los más vulnerables y necesitados son los que más sufren.

Ya hay una convención de las Naciones Unidas contra la corrupción. El reconocido politólogo estadounidense, Francis Fukuyama, afirma que es el ‘hecho determinante’ de este siglo y si el pasado reciente se caracterizó por batallas ideológicas que ganó la democracia, las principales divisiones de ahora se darán alrededor de batallas privadas para adueñarse de dineros públicos. El triunfo de la democracia ha dado paso a una cleptocracia en aumento.

¿Con licencia para robar?

A pesar de ser una de las mayores preocupaciones de los isleños, no hay suficiente interés o acción político e institucional en controlarla. Nada sorprendente porque, al fin y al cabo, a veces el éxito político y algunas acciones gubernamentales dependen de ciertas prácticas poco santas.

Los políticos no declaran dineros ‘amarrados’ de campaña y las mismas páginas web de la Gobernación y de la Alcaldía esconden información contractual y de gastos para evitar que la ciudadanía detecte irregularidades.

Los informes y rendición de cuentas de la Contraloría y la Procuraduría locales blanquean la realidad y nunca pintan el panorama completo de la corrupción. Pocas veces remiten irregularidades a la Fiscalía para investigación y sanción penal. Las recientes grandes investigaciones se dieron solo por intervención desde Bogotá.

Hay percepción de mucha impunidad, que es un estímulo para cometer más actos de corrupción. En Providencia, a pesar de múltiples denuncias, nadie ha sido sancionado desde 2016 cuando fue capturado su ex Alcalde. Las pocas sanciones que emiten en San Andrés no reflejan los miles de millones mal gastados.

Existen ‘pactos de caballeros’ entre funcionarios de entidades ejecutoras con las de control. De allí que, en el caso remoto de haber culpables, éstos reciben sanciones risibles, dejando así la sensación de que se recompensa la malversación de dineros públicos.

Las leves sanciones fortalecen el negativo estigma de la corrupción y ayudan a rehabilitar socialmente al corrupto, quien vuelve más sabio, astuto y conocedor de cómo no caer por segunda vez. En el pasado los acusados o condenados se retiraban de la vida pública, pero hoy día siguen como si nada, usando en su defensa y protección, su adquirida audacia.

Aumenta el control social

Por si esto fuera poco, una parte de la sociedad prefiere que no haya control y hasta considera que la irregularidad es un mal necesario para el desarrollo local. Esta teoría de la indiferencia moral cree que la corrupción genera riqueza y empleos y que hay cosas que no ocurrirán sin ella.

Esta es una visión que impulsan sectores políticos a través de una guerra cultural que busca desestimar, desprestigiar y debilitar los controles sociales y al mismo tiempo rehabilitar a los corruptos.

La ventaja del control social en las islas es que todo mundo se conoce y no se mueve un dedo sin que alguien se dé cuenta, ayudado, eso sí, por tradicional la ‘estrategia del cangrejo’. Pero una sola golondrina no hace un buen verano y se necesita que se comprometan también ciertos estamentos institucionales, políticos y los gremiales.

Las elecciones del próximo año pueden presentar serios retos a la forma tradicional de hacer proselitismo político por los recientes escándalos de corrupción que han vuelto al electorado más sospechoso y exigente. Pero existe el riesgo de que –con y por todo lo que pasa– muchos votantes abandonen las esperanzas y dejen de creer en cambios y, en consecuencia, terminan vendiendo sus votos, perpetrando así el círculo vicioso.

No existe una varita mágica contra la corrupción. Es algo que ha estado con la humanidad por siglos, como nos lo recordó Judas Iscariote hace poco en Semana Santa… No desaparecerá, pero se puede controlar y lograr que deje de afectar, de manera brutal y despiadada, el desarrollo social de las islas.

Última actualización ( Lunes, 12 de Abril de 2021 05:03 )