
Arcabra, era el nombre de uno de los barcos de mi abuelo, el favorito quizás, el que más me nombraba; tenía al menos mil historias de los viajes del barco a Panamá: de los encajes que trajo, las cartas de amor, las travesías a Puerto Limón y a Bocas del Toro, los capitanes de Jamaica y de las costas de Colombia.
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