Esa entrañable compañera que influye tanto en nuestro ser como en la tierra y el mar, con sus mareas altas o bajas; con sus fases menguantes, crecientes, nuevas y llenas. Esa que enamora y desencanta, esa que ilumina las noches interminables de los caminantes y marinos… Ella, la luna, tiene el color del corazón del que la mira.
En San Andrés se celebró por primera vez en mayo de 1987 el Festival de la Luna Verde bajo los influjos del recordado mandatario que fue Simón Gonzalez Restrepo. Fue un encuentro de arte y cultura en forma de canción. Corazones palpitantes de emoción en una integración del gran Caribe.
Sin embargo, una líder política dijo entonces: “…no sé que fuma Simón para ver la luna verde”.
¿Qué fumarán o comerán los arubeños para ver y celebrar el Festival de la Luna Roja? ¿Qué fumarán los recién casados para celebrar, sentir y ver su luna de miel? ¿De qué color la verán los niños cuando las madres señalan al cielo y le cantan por primera vez: “Luna lunera, cascabelera…”
¿Qué fumaron algunos héroes ambientalistas para crear la luminosa ONG Greenpeace?
Nosotros creemos y decimos que la luna es del color del corazón del que la mire… Por eso hay lunas rosas. Y plateadas y transparentes, como el cristal. Pero también hay lunas en tonos grises, pardas y oscuras, que nunca llegan a brillar.
Los isleños debemos ir preparando nuestros mejores vestidos y nuestra mejor disposición para ver emerger de nuevo sobre nuestro azul horizonte marino a la Luna Verde en forma de festival.
Un certamen que promete integrar a varias generaciones al son de la música y la cultura Caribe como canto de paz, esperanza y sana diversión…
¡Welcome to the Green Moon Festival!



















