Un buen final para la guerra contra las drogas sería la legalización, como sucedió con el alcohol. De eso están convencidos hace rato muchas personas. De ahí que sea de un valor inmenso este primer paso, comparable al que el hombre diera en la luna, que están dando en tal sentido los Jefes de Estado reunidos en la Cumbre de las Américas de Cartagena.
Aunque Estados Unidos no cambiará su política antidroga, por ahora, el debate quedará abierto. Y seguramente causará curiosidad a más gente que anda indecisa sobre qué posición tomar. En el entretanto, vamos aprendiendo que la experiencia no es una lámpara para alumbrar a otro, sino a uno mismo. Esto quiere decir que no podemos seguir como venimos, sin sacar provecho positivo de lo que nos ha pasado y está pasando a otras naciones.
Es hora de desafiar el cinismo que subyace en la actitud de los que sólo piensan en permanecer en la misma posición a cualquier precio con tal de no perder el poder que les otorga el ilícito negocio, desconociendo olímpicamente que hay otros caminos.
En otras palabras, es momento de una revolución conceptual al respecto. Un mundo libre de drogas no es una fantasía peligrosa. Colombia, Guatemala, y los demás países involucrados tienen la obligación irreversible de no parar en su empeño de estimular la discusión en todos los escenarios posibles con o sin la aprobación de Estados Unidos.
Que, a propósito, cada día tiene menos argumentos a favor de su estrategia de guerra pues sólo basta con mirar la prosperidad de las mafias que hay en su territorio y la corrupción de sus autoridades (que sobrepasa la de las nuestras) para comprender que el asunto se le salió de las manos. Además de la experiencia de países como Holanda y Portugal -que con una política basada en la prevención y el control del Estado sobre el comercio y el consumo de las drogas alucinógenas- han evitado un desangre mayor al que venía sucediendo por culpa de la prohibición.
La vida está por encima de todo. Las leyes, que son una institución social concebida para protegerla, no pueden -en el caso del narcotráfico- seguir siendo objeto de burla. Por eso vale la pena luchar hasta lograr que la guerra contra las drogas pase a ser un capítulo de la historia al que nunca más se volverá, a no ser para estudiarla en las aulas de clases con el fin de no repetirlo.
COLETILLA: “La permanencia es una ilusión” Buda.





















