Por lo que me han contado últimamente, Teleislas es un paciente en estado grave. De ahí que el trabajo que le espera a la nueva gerente Solymar Pomare es inmenso. Requerirá no sólo de su experiencia como exfuncionaria de la entidad, sino de un grande sentido común para detectar las áreas sensibles y las posibles medicaciones.
Y no es un secreto que la parte más afectada es la programación, cuya parrilla demanda una intervención pronta e inteligente que la ponga a la altura de las circunstancias puesto que el público televidente ya no es solamente local sino internacional.
Todo lo que se haga de ahora en adelante tiene que ser acorde con esta situación. Por eso, cualquiera sea la programación que se ponga al aire ha de estar bien estructurada, bien hecha, y con altos niveles de calidad para poder competir debidamente con los demás canales regionales que cuentan desde hace tiempo con su señal en el satélite.
Y, claro, nada de esto será posible si no se resuelven los problemas financieros por los que atraviesa el canal que, sin duda, son la razón fundamental por la cual ha caído en el estado grave al que me refiero en esta columna. La nueva gerente, dada su experiencia en la materia por haber desempeñado el cargo de Control Interno, tiene la posibilidad de dar más rápido con la gotera por donde se ha ido la plata y la solución del problema, más que cualquier otra persona.
Teleislas es un patrimonio de los isleños. Un medio de comunicación que siempre debe estar al servicio de la comunidad y no de intereses políticos o burocráticos. El manejo financiero que se le debe dar no ha de estar manchado por ninguna forma de corrupción o la codicia voraz de los particulares que nunca faltan cuando el Erario está bien.
La niña consentida de Teleislas tiene que ser la programación. Una parrilla con todos los ingredientes del buen periodismo. Es decir, con información bien tratada, espacios que muestren y proyecten la cultura nativa, trabajos que concienticen sobre la conservación y protección del ambiente, y la promoción de una cultura ciudadana que comulgue con todo lo antes mencionado.
Si no se hace así, lo más probable es que Teleislas se convierta en un apéndice más de la politiquería y la corrupción que siempre estará acechante.
COLETILLA: “Las opiniones no se deben combatir sino por medio del raciocinio. A las ideas no se les fusila”. Conde Rivarol.





















