
Este 22 de abril se conmemora el Día Internacional de la Madre Tierra, una fecha que impulsa la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en pro de generar acciones contra el cambio climático, la contaminación y la destrucción de ecosistemas, promoviendo para ello iniciativas de conservación y de restauración como las que se adelantan en la isla.
Este organismo insta a “cuidar a nuestra Madre Tierra” porque ella nos pide que actuemos con urgencia; sin olvidar que este accionar debe ser tanto en tierra como en los cuerpos de agua, dado que más del 70 % de la superficie del globo está cubierto por agua; razón por la que La Tierra es llamada también ‘el planeta azul’.
Es bien sabido que los océanos se han vuelto vertederos de plásticos y de otros desechos; y que día a día se vuelven más ácidos, por cuenta del aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), producto del calentamiento global, por lo que su protección es inminente, al igual que otras intervenciones encaminadas a mitigar los incendios forestales, la ocurrencia de inundaciones y otros eventos climáticos causados por la acción del hombre.
Es por ello que la ONU invita a recuperar los ecosistemas del planeta, sin distingo, dado que estos sustentan todas las formas de vida de la Tierra. “De la salud de nuestros ecosistemas depende directamente la salud de nuestro planeta y sus habitantes. Restaurar aquellos que están dañados ayudará a acabar con la pobreza, a combatir el cambio climático y prevenir una extinción masiva. Pero solo lo conseguiremos si todo el mundo pone de su parte”, se lee en su página oficial.
Acciones en San Andrés
Con motivo de esta importante fecha, y del llamado de las Naciones Unidas a incrementar las iniciativas de restauración ecosistémica, EL ISLEÑO publica un proyecto de investigación que están realizando en San Andrés dos estudiantes de último semestre de Biología en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) sede Bogotá, orientado a la restauración ecológica de las praderas marinas.
Son ellos Dannys Alejandra Herrera Alfaro y Wilson Alejandro Pacheco Cely, quienes adelantan su trabajo de grado bajo la modalidad de pasantía, en el marco del proyecto BioClimSocial, de la mano de la Corporación Centro de Excelencia en Ciencias Marinas (CEMarin) y del Jardín Botánico de San Andrés.
Bajo la guía de los profesores José Ernesto Mancera (UNAL sede Bogotá) y Jairo Humberto Medina (UNAL sede Caribe), estos estudiantes de pregrado determinan a través de su investigación la importancia de los pastos marinos y la valía de su restauración.
En contexto
Dentro de su análisis, indican que a primera vista el famoso ‘mar de los siete colores’ que rodea la isla parece intacto. Sin embargo, los ecosistemas marinos del Caribe colombiano —arrecifes de coral, manglares y praderas de pastos marinos— atraviesan transformaciones aceleradas que ponen en riesgo su equilibrio.
Juntos –recalcan– estos tres ecosistemas forman una barrera natural que protege las costas y reduce su vulnerabilidad frente a la erosión y los fenómenos extremos. Entre ellos, las praderas de pastos marinos son quizá las menos conocidas y, al mismo tiempo, unas de las más importantes, ya que su deterioro afecta a toda la red de vida que depende de estas.
Al igual que los manglares, funcionan como viveros naturales donde gran variedad de peces arrecifales pasan sus primeras etapas de vida. También ofrecen alimento y refugio a tortugas, estrellas de mar y otros organismos, sosteniendo la biodiversidad marina y aportando directamente a la producción pesquera y a la seguridad alimentaria mundial.
En San Andrés, las praderas que antes cubrían amplias zonas costeras hoy se encuentran fragmentadas y bajo fuerte presión antrópica. El tránsito constante de lanchas en aguas someras, el turismo intensivo, la escorrentía y el vertimiento de aguas residuales han debilitado su cobertura.
Destrucción continuada
Dentro de los análisis preliminares, los investigadores recalcan que en lugares como Haynes Cay se han perdido más de 623.000 m2 de pradera en las últimas dos décadas (Mancera, 2025), lo que implica la reducción de servicios ecosistémicos clave como captura de carbono azul, estabilización de sedimentos y protección de playas frente a la erosión.
A pesar de ello, los pastos marinos siguen cumpliendo funciones esenciales como el almacenamiento de CO2 durante largos periodos (es uno de los ecosistemas más eficientes para ello), evitando que regrese rápidamente a la atmósfera.
Además, sostienen gran parte de la biodiversidad marina del planeta y contribuyen a la resiliencia de las comunidades costeras porque garantizan que los organismos juveniles lleguen a su edad reproductiva y a un tamaño estándar para su pesca con fines comerciales o de autoconsumo.
Desarrollo de la pasantía
Conscientes de esta situación, los estudiantes centran su trabajo en especies clave del Caribe colombiano como_Thalassia testudinum, Syringodium filiforme y Halodule wrightii.
Pacheco analiza cómo se organizan las praderas y cómo varía la inversión en biomasa según la especie dominante; mientras que Herrera lidera un experimento sobre el crecimiento de los pastos, evaluando su respuesta a la remoción de sedimento y al enriquecimiento del sustrato con nutrientes esenciales.
Estas estrategias buscan favorecer su desarrollo y acelerar los procesos de restauración, en aras de conservar las redes tróficas marinas y garantizar la supervivencia de múltiples especies que dependen de estos hábitats para alimentarse, refugiarse y reproducirse.
Como señalan los universitarios, “es necesario fortalecer el reconocimiento de estos ecosistemas y de los servicios que prestan, ya que una mejor comprensión de los factores que los afectan permite generar información para la toma de decisiones, integrando tanto la conservación como las dinámicas sociales en el territorio de la isla de San Andrés”.
Conclusiones preliminares
Aunque actualmente el proyecto se encuentra en fase de desarrollo y sus resultados totales serán presentados en los próximos meses, los estudiantes de Biología comentaron algunos de los hallazgos de su investigación:
- Se ha observado que cada vez existen menos sitios adecuados para el estudio y la recuperación de las praderas de pastos marinos en la isla.
- Las condiciones ambientales se han vuelto más exigentes, influenciadas por temporadas prolongadas de frentes fríos, así como por diversas presiones de origen antrópico, tales como el impacto evidente asociado al vertimiento directo de aguas grises al mar, lo que parece estar favoreciendo el aumento de epífitos sobre las hojas de los pastos marinos.
Estos epífitos son pequeños organismos (como algas microscópicas y bacterias) que crecen adheridos a la superficie de las hojas; en exceso, pueden cubrirlas y dificultar la llegada de la luz para realizar fotosíntesis y ralentiza el crecimiento de los pastos.
- También se han observado procesos de fragmentación de las praderas, probablemente asociados al tránsito constante de lanchas en zonas someras, así como la presencia recurrente de residuos sólidos, como botellas y latas, que permanecen en el mar tras la actividad turística (esta relación continúa en estudio).
“Comprender estas relaciones con el entorno marino es también una invitación a fortalecer el respeto por el territorio y por los servicios ecosistémicos que la isla nos brinda. Se espera que estos aportes sean fundamentales para diseñar estrategias basadas en la naturaleza y contribuir a la protección de uno de los ecosistemas más valiosos y vulnerables del Caribe colombiano”, puntualizaron los jóvenes.
(Foto: Nasa/Reid Wiseman, 2026)
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Sobre los estudiantes
Dannys Alejandra tiene 23 años y es oriunda de Chimichagua (Cesar). Expresa que su carrera la ha “construido con amor por el trabajo con la naturaleza y las comunidades”. Y que su pasantía en San Andrés está motivada por aprender sobre los estudios del mar, ya que la Reserva de Biosfera Seaflower es un punto clave en el país; y porque los pastos marinos son un ecosistema esencial frente al cambio climático, aunque sean invisibles para muchos.
Wilson Alejandro es nacido en Tunja (Boyacá) y también tiene 23 años. Señala que su camino de formación profesional ha estado encausado “alrededor de su profunda curiosidad por la vida y sus procesos”; y por el amor por los peces y el mundo acuático que sembró en él su abuelo. Su trabajo en la isla está impulsado no solo porque representa un avance en su carrera, sino también como una oportunidad de aportar al conocimiento y la conservación de este ecosistema estratégico para el futuro ambiental del país.
Sobre la fotografía
La foto, titulada ‘Hola, Mundo’, autoría del astronauta Reid Wiseman, fue difundida ampliamente por la NASA y muestra la Tierra y Venus tal como se veían desde la cápsula Orión, durante la misión Artemis II.
Se ha escogido para ilustrar esta nota conmemorativa, ya que muestra el por qué nuestro planeta es llamado el ‘planeta azul’. Como diría en algún momento Arthur C. Clarke (1917–2008), escritor británico de ciencia ficción y explorador: "Qué inapropiado es llamar a este planeta Tierra cuando claramente es Océano".






















