
El horror que hace un lustro azotó a las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina –pero especialmente a estas dos últimas–, debe generar inaplazables reflexiones y oportunas acciones, además, claro está, de una profunda toma de conciencia para que las temporadas de huracanes nos encuentren mejor preparados desde todo punto de vista.
Estamos conmemorando una desgracia de marca mayor. Las afectaciones de aquel evento, en mayor o menor medida, alcanzaron a la totalidad de sus habitantes, así como a su frágil infraestructura pública. En consecuencia, sucesos trágicos como aquel, dejan claro lo temerario e insensato que es poner en duda o subestimar la existencia del cambio climático.
Al contrario, la creciente ocurrencia de estos fenómenos nos debe servir como advertencia determinante de lo está llegando a todo el Caribe. Por lo tanto, es inexcusable no generar y afianzar una cultura de prevención en todos los niveles de la sociedad con planes de evacuación e instalaciones públicas y privadas pensadas para resistirlos al máximo.
Hace cinco años el centro del IOTA pasó a solo 18 kilómetros de Providencia y Santa Catalina en la máxima categoría (cinco en la escala Saffir-Simpson) de estos fenómenos naturales, exactamente dos semanas después y casi en la misma ruta del paso del ETA, circunstancia pocas veces vista en el mar Caribe. Tanta verdades de a puño no pueden seguir siendo asumidas como simples coincidencias del destino.
En aquella ocasión, el Gobierno Nacional hizo presencia casi inmediata, sin embargo, la historia demostró que la eficacia (consecución de un objetivo) y la eficiencia (elección y aprovechamiento de los recursos para lograrlo) no estuvieron muy bien conjugadas. Es necesario sintonizar las sinergias en la población del archipiélago para alcanzar lo mejor posible.
En esta coyuntura es urgente encontrar soluciones a corto, mediano y largo plazo. La experiencia del reciente huracán Melissa que arrasó el Sureste de Jamaica nos reitera esta exigencia. La resiliencia es la capacidad de hacer frente a las adversidades transformando el dolor en fuerza motora para sobreponerse a los momentos críticos...
Como los que estamos viviendo, claro está.





















