
Ethnic Roots, Green Moon Festival y FILSAI (Feria Insular del Libro) forman en San Andrés un tríptico cultural que está cambiando el modelo de turismo de sol y playa por uno basado en memoria, diversidad y pensamiento. Contarlo bien no es una anécdota: es una política de futuro.
En un tiempo en el que los destinos turísticos compiten por la pantalla más luminosa o el crucero más grande, resulta casi subversivo que una pequeña isla del Caribe colombiano apueste por otra cosa. San Andrés, históricamente reducida al cliché de las playas de postal, vive una transformación silenciosa que pasa, precisamente, por su ecosistema cultural.
Esta semana se celebró allí el Festival Internacional Ethnic Roots (FIER), uno de los certámenes de teatro más consistentes del Caribe colombiano. No es un festival de coyuntura, sino el resultado de casi tres décadas de trabajo de Marilyn Vizcaíno, actriz, directora, dramaturga y maestra. Su apuesta, tan obvia como rara en la práctica, ha sido colocar en el centro la diversidad étnica de Colombia: pueblos afrodescendientes, gitanos, indígenas, palenqueros y raizales en diálogo con artistas de otros países del Caribe y de América Latina.
Lo que está en juego en Ethnic Roots no es solo programar obras, sino construir un relato: el Caribe deja de ser un decorado exótico para mostrarse como un entramado de lenguas, memorias y cuerpos que resisten y crean. En esa clave, el festival conversa —a su escala— con otros grandes encuentros escénicos del mundo que han entendido el teatro como diplomacia cultural y cuidado del territorio.
No es casual que esto ocurra en una isla marcada por el turismo masivo. La oferta estándar de sol y playa suele producir una economía frágil y empleos precarios. La cultura, cuando se trabaja con rigor y continuidad, abre otra posibilidad: la de un turismo más consciente, más curioso, dispuesto a invertir en experiencias profundas y no solo en un imán para la nevera. Que Ethnic Roots cuente con el respaldo de COCREA, del Ministerio de las Culturas y de hoteles y negocios locales habla de una intuición compartida: apoyar festivales no es caridad, es inteligencia económica.
Además, San Andrés ha tejido un tríptico que va mucho más allá de un calendario de eventos: Ethnic Roots en las artes escénicas; el Green Moon Festival en la música y las culturas afrocaribeñas; y FILSAI, la Feria Insular del Libro, en la literatura y el pensamiento. Juntos consolidan una oferta seria y de largo aliento de turismo cultural. Son procesos que trabajan con escuelas, colectivos juveniles, comunidades raizales y nuevos emprendimientos, y que empiezan a cambiar qué puede imaginar un niño isleño para su futuro.
Ahí la comunicación es decisiva. Si solo hablamos de fechas y carteleras, nos quedamos en la superficie. La pregunta es qué tipo de tejido social y simbólico están construyendo estos festivales; cómo reconfiguran la relación entre residentes y visitantes; cómo afectan la forma en que un turista europeo o latinoamericano entiende el Caribe cuando lo escucha desde sus propias voces, y no desde el folleto de agencia.
Mirar hacia este laboratorio caribeño no es un gesto periférico. Dialoga con debates muy propios: la sostenibilidad del turismo, el lugar de las lenguas y culturas minoritarias, la tensión entre centros y márgenes. Lo que ocurre en San Andrés se parece, en el fondo, a lo que está en disputa en muchas costas mediterráneas y barrios gentrificados: qué modelo de convivencia y de economía queremos sostener.
De fondo, se abre una cuestión incómoda: ¿qué medimos cuando hablamos de éxito cultural? ¿Solo cifras de asistencia y ocupación hotelera, o también la capacidad de un territorio para reconocerse y narrarse a sí mismo, para generar vínculos más justos entre quienes llegan y quienes se quedan cuando las luces se apagan?
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* Carolina Ethel es periodista, gestora e investigadora cultural colombiana, con experiencia en comunicación de destino y turismo cultural



















