
Que el Caribe colombiano pase a ser Región Entidad Territorial /RET/ es ahora más posible que en ningún otro momento. Un impulso vigoroso a esa aspiración se dio al finalizar octubre de 2025 durante asamblea de la Federación Nacional de Departamentos realizada, en Cali.
En ese escenario los gobernadores del país pidieron al presidente Gustavo Pedro enviar al Congreso de la República un mensaje de urgencia para tramitar de forma abreviada el proyecto de ley orgánica que autoriza la transformación de la Región Administrativa de Planificación, RAP Caribe, en RET Caribe.
Petro ha cuestionado el modelo centralista y defendido la descentralización, entendida como herramienta de poder al servicio del pueblo.
A mediados de año advirtió que la descentralización “no puede seguir siendo una promesa incumplida ni un trámite técnico, sino un proceso estructural de redistribución de la riqueza y de las prioridades del Estado colombiano”. Así las cosas, se espera que el mandatario ayude a agilizar el trámite de la ley orgánica en comento.
La lucha del Caribe por su autonomía ha sido larga y marcada por hechos esperanzadores, o frustrantes. La razón de todo está marcado por un asfixiante centralismo que viene desde la Colonia, cuando el Imperio español prefirió anclar el poder virreinal en una ciudad gélida y muy distante de la costa, en lugar de dejarlo en Cartagena, frente al mar, de cara al mundo de entonces.
El Caribe es un territorio estratégico para el desarrollo de Colombia, pero sigue en el atraso con indicadores vergonzantes en materia de pobreza, saneamiento, informalidad. Con autonomía política, administrativa y financiera, podría dejar atrás tantas penurias y hallar nuevos caminos para avanzar hacia el futuro.
La autonomía, sin embargo, no es sinónimo de logros asegurados. La experiencia con la RAP Caribe no ha sido nada halagadora. Por el contrario, deja huellas frustrantes. Ni un solo proyecto de importancia pudo cristalizar para transformar realidades negativas.
Por largo tiempo estuvo prácticamente moribunda y ni siquiera en pandemia de Coronavirus los gobernadores del Caribe /junta directiva RAP/ fueron capaces de unir voluntades para encarar ese desgraciado fenómeno de salud como un hecho regional, para manejarlo de mejor manera.
Solo la buena voluntad y hasta el sacrificio de Amilkar Acosta y Elvia Mejía lograron el casi milagro de unir a un grupo de voluntarios para, con las uñas, sin cobrar un pesos, formular el Plan Estratégico Regional /PER Caribe/ y conseguir la legalización de la RAP. Ojalá que con la RET, si se aprueba, no pase lo mismo. Necesitamos acciones no burocracia anquilosada.



















