‘Ni una más’ no es consigna que se pierde en el infinito del panorama del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Tampoco es una voz que se alza al unísono, ni mucho menos una hiperrealidad subjetiva o un simulacro, es la voz de una población compuesta por un 57% de población femenina altamente vulnerable.
‘Ni una más’ es la niña que juega en un patio, la que sale con el uniforme del colegio, la adolescente que apenas muestra signos de madurez, la mujer que estudia, la que trabaja, así como también la que dice NO.
‘Ni una más’ debe entrar en el lenguaje del archipiélago no como una exigencia, no como “por favor”. Ella quien quiera que sea, cuenta con el derecho a “negar la fuente”, según el ´poema ‘El duelo de Mayoral’.
Un sistema de gobierno está constituido por una serie de elementos que, sin importar su nominación debe estar entrelazado con el fin de proteger a la población; por lo tanto, no vale disculpa alguna para que sea impugne la violación, sea o no una menor de edad.
El Departamento Archipiélago cuenta con un alto nivel de jefatura de hogar femenina que se aproxima al 87%, lo anterior indica la importancia tanto del genero femenino en las islas, sino también, el de hacer valer sus derechos.
No cabe la omisión en casos de violación, sea o no, menor edad. Desafortunadamente existe un alto subregistro de los delitos sexuales en razón de falta de denuncias por parte de la victima o de los padres, en el peor de los casos.
De manera que, desde esta columna, nos sumamos al grito que es una exigencia: ‘¡Ni una más!’
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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.



















