El tema de este domingo es el del seguimiento de Jesucristo. De las acciones más reveladoras de inteligencia espiritual de una persona creyente es la de disponerse a seguir los pasos y las ideas de Cristo, el verdaderamente sabio, santo y perfecto. Es un acto de verdadera inteligencia porque es haber encontrado el camino de la felicidad.
La profesora de la Universidad de Oxford Danah Zohar dice que la inteligencia espiritual constituye la parte central de nuestra inteligencia, la parte en que se alimentan nuestros valores y nuestras creencias y en la que podemos trabajar por la realización de nuestro pleno potencial de seres creados. Siglos atrás lo dijo el libro sagrado: “¿Qué hombre conocerá el designio de Dios?, o ¿quién se imaginará lo que el Señor quiere? Los pensamientos de los mortales son frágiles e inseguros nuestros razonamientos, porque el cuerpo mortal oprime el alma y esta tienda terrena abruma la mente pensativa” (Sab 9, 13 s).
El camino del seguimiento comienza con el primer paso que consiste en poner a Jesús en primer lugar. Jesús lo exige y lo expresa así: “«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 25 s).
Poner a Jesús de primero es hacer de él nuestro todo, lo único esencial, lo infaltable. Hay amores relativos y hay amores absolutos. El amor absoluto es Dios, y debe ocupar el primer puesto. Si nos endiosamos nosotros, destronamos a Dios. Si ponemos a Jesús en el centro va a ocurrir lo que dice el libro de la sabiduría: “se enderezaron las sendas de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y se salvaron por la sabiduría” (Sab 9, 18).
El amor a Jesús es fundamental para sus seguidores. La inteligencia espiritual nos propone conocerlo a profundidad; amarlo con todo nuestro ser; seguirlo por donde vaya; y anunciarlo fervientemente a quienes no lo conocen.
El segundo paso del seguimiento de Cristo consiste en vivir amando. Es un buen ejemplo que proviene de san Pablo, quien se priva de Onésimo, a quien estima y lo entrega a la comunidad y le dice: “Quizá se apartó de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que si lo es mucho para mí, cuánto más para ti, humanamente y en el Señor” (Fil 9 ss).
Vivir amando es de inteligentes, vivir odiando es propio de ignorantes. Colombia y el mundo requieren de personas repletas de amor que viven esparciendo amor a su paso. Pongamos a rodar el amor de Dios por el mundo; eso desbarata el odio, la violencia, la polarización. En este mes de septiembre regalemos amor, entendimiento, solidaridad y mucha paz a las personas con quienes compartimos la vida.
El tercer paso consiste en cargar la cruz. “Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 28). Jesús nos amó hasta el extremo, y la cruz es el sello del amor. El seguidor de Cristo tiene que estar dispuesto a la cruz, no es que la busque, solo que es inevitable. Vivir inteligentemente conlleva sacrificarse por los demás, y asumir ese sacrificio como una muestra del amor. La cruz resulta ser el testimonio de que estamos haciendo las cosas bien. Cuando obramos mal el mundo nos aplaude; cuando obramos bien, nos crucifica. El seguidor de Jesús obra siempre bien, aunque la paga sea la cruz.
El cuarto paso para seguir a Jesús consiste en hacer cálculos positivos. Lo advierte el mismo Señor Jesús: “¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no pudo acabar” (Lc 14, 27). El salmista suplica: “Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato” (Sal 90)
La vida, la familia, la iglesia y la sociedad, son torres altas que nos corresponde construir a nosotros; lo cual implica hacer cálculos inteligentes. Es hora de volver a la familia; sin la familia, la sociedad no funciona. Es hora de reconstruir los hogares, y basta poner en ellos el amor infinito de Dios; es hora de dedicar más tiempo, más recursos y más energía a la familia.
También los gobiernos deben favorecer con sus proyectos preferiblemente a la familia, porque así construyen sociedad. Las leyes deben favorecer más a la familia como institución fundamental y ser menos cómplices, como cuando dan el título sagrado de familia a cualquier tipo de unión que excluye la vida, cuando favorecen el divorcio, violencia, abortos, eutanasia.
La evangelización requiere de mucha inteligencia espiritual, que se concreta en planes pastorales, en estrategias creativas para anunciar el mensaje de Cristo. A todos los evangelizadores se nos pide trabajar como iglesia en comunión, participación y misión; una iglesia sinodal es una iglesia que se ejercita en la inteligencia espiritual y logra un seguimiento fiel al Señor Jesucristo
Creo Señor que nos pides ser tus seguidores, pero aumenta nuestra fe para que cultivemos la inteligencia espiritual, y vayamos por el mundo amando con el mismo amor que nos amaste.





















