
El periódico El País (América) resaltó recientemente la labor de Paola James Garcés, trabajadora social de Providencia, quien busca impulsar la soberanía alimentaria en su municipio, entre otros retos ambientales. De hecho, hace poco fue invitada a un coloquio de comunidades tradicionales en Brasil.
Como se recordará esta profesional fue miembro de la cooperativa ‘I-Fish’ y ahora integra ‘Fi-She Association’: la primera organización de mujeres pescadoras en su isla. Además, ha participado en múltiples escenarios de debate a nivel local, nacional e internacional, como el Coloquio Panamazónico de Pueblos y Comunidades Tradicionales en Manaos (Brasil), hace una semana.
Autonomía alimenticia
El artículo en el medio español fue titulado: 'La lideresa raizal que promueve la siembra como “acción política y social” en la región insular del Caribe colombiano'; y en este se recalca que casi el 90% de los alimentos que se consumen en Providencia llegan en barco, lo que hace que el costo de vida sea muy alto.
Por esa razón —destaca— Paola fundó hace tres años ‘Felicity Village’: una apuesta familiar, que parte de la autosostenibilidad, donde se siembran alimentos libres de pesticidas tales como ciruela, maracuyá, piña, mango, plátanos, bananos y otros; además de promover el intercambio con agricultores de su comunidad.
La trabajadora social explicó que su proyecto se basa en el concepto de permacultura: básicamente un entorno que une la actividad humana con acciones agrícolas de manera sostenible, trabajando en armonía con la tierra.
“Con el paso del tiempo este proceso ha ido cambiando por momentos: inicialmente era una propuesta que estaba más en ideas, pero luego logré empezar la siembra y después iniciar con el intercambio de plantas de importancia para la comunidad. Así, a partir de este recorrido, he logrado conocer a personas interesadas en esta temática; por ejemplo, a la periodista Betty Zambrano Zabaleta, autora de la nota”, detalló.
Decisión personal
De esta forma la comunicadora, que trabaja con mujeres y organizaciones sociales relacionadas con la alimentación en el Caribe, la dignidad y los derechos femeninos, visitó el proyecto de James y quiso mostrarlo al mundo, como parte de las experiencias que ha identificado en diferentes lugares de la región.
La también investigadora social resaltó que, por sobre todo, ‘Felicity’ es un proceso autónomo, una decisión propia, al poder pensar el tema de la autonomía desde el ser mismo; en su caso, desde ella misma, para luego llevarlo al ámbito familiar.
“Por eso ‘Felicity’ es una iniciativa familiar de siembra que busca la autonomía alimentaria, pero que no se queda en lo individual, sino que establece lazos comunitarios a través de relaciones que van más allá de una transacción comercial, porque trasciende al intercambio de plantas, de semilla y de conocimiento. Además, transmitimos el mensaje de que no se necesitan grandes espacios para garantizar la alimentación propia, sino que cada familia o institución educativa puede garantizar un mínimo que permita la autonomía, sobre todo en tiempos de cambio climático, cuando las realidades son poco estables y seguras”, anotó.
Experiencia raizal en Brasil
De otro lado, sobre su viaje al país carioca, Paola expresó que se trató de una oportunidad “potente” al poder conectar con líderes, lideresas y cientistas sociales de Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela, Surinam, Guyana y el mismo Brasil.
“Mi participación buscó la visibilización del Pueblo Raizal, destacando especialmente los aportes de mujeres en las discusiones sobre el medio ambiente; así que compartí algunas reflexiones sobre las que se construye ‘Fi-She Association’, donde creemos en el valor de las contribuciones, que a menudo no se cuentan en grandes cifras económicas, sino por el trabajo que garantiza alimento fresco desde el disfrute del mar”, comentó.
La trabajadora social destacó que este coloquio se dio en alianza con un proyecto llamado ‘Nueva Cartografía’, en la que se piensan los territorios ya no solamente por parte de geógrafos o personas que planifican las ciudades, sino desde el conocimiento y sentir de los pueblos étnicos y comunidades indígenas.
Adicionalmente, estos equipos multidisciplinares le apuestan a algo más ambicioso aún: ‘cartografiar’ el mar.
Por eso, en este caso el desafío fue encontrar relaciones entre comunidades panamazónicas y del Caribe; y de ahí se desprendió esta invitación a esta profesional de manera directa, no solo por ser integrante de un pueblo étnico o su experiencia en investigación social, sino también por ser parte de procesos organizativos y por el acompañamiento en temas de defensa del territorio.
De esta manera y en dicho encuentro, la joven providenciana dejó por sentada su propuesta en pro del cuidado de los ecosistemas del Archipiélago en todas sus dimensiones: considerar la posibilidad de declarar la barrera de coral como sujeto de derechos; una propuesta que —afirma— está en construcción pero que ven completamente necesaria porque de seguirse deteriorando los arrecifes, unas de las más afectadas serían las mujeres pescadoras.
“Para culminar, uno de los mensajes principales del espacio fue darnos cuenta que, a pesar de las distancias geográficas, las situaciones que acontecen a nivel mundial finalmente nos hacen cercanos en la necesidad de generar estrategias para defender nuestros territorios o maritorios: esos espacios en los que hemos vivido y en los que están nuestras memorias individuales y colectivas, de forma articulada y fundamentada”, puntualizó.
(Foto: Ana Maria Jessie)



















