¿Y si el problema de San Andrés se resolviera con dos_marshmallows? El 'Test del malvavisco' es un experimento de psicología llevado a cabo en los años sesenta por Walter Mischel en la Universidad de Stanford. Se ofrecía a un niño un malvavisco con la opción de comerlo de inmediato o esperar unos minutos para recibir dos.
El objetivo era evaluar la capacidad de autocontrol y gratificación diferida. En nuestra sociedad agobiada por lo inmediato, todos sin excepción buscamos la gratificación de lo que viene enseguida. ¿Qué sentido tiene entonces sembrar un árbol si no seré yo quien se coma los frutos? Es más o menos ese el pensamiento que nos acosa.
Con eso en mente, no es extraño que haya que hacer malabares para proponerle a un adolescente una carrera de cinco años, cuando puede duplicar los ingresos de un médico con un par de carpas en la playa. ¿Por qué habría que pensar en una estructura sólida para una casa, si puede cubrir su cabeza con un poco de madera y mejor invertir en un teléfono, la fiesta del sábado o una 'pinta' que lo potencie como “el chacho”? ¿Por qué reducir el número de turistas para proteger el medio ambiente, si la plata se necesita para hoy?
¿Existe el futuro? ¿O es solo una idea tan vaga que pensar en “el mañana” es un absurdo?
La paciencia me parece esa gran lección que nos cuesta tanto a los humanos, un Moisés que no termina el éxodo y que tiene que cederlo a Josué, un marshmallow dejado en el plato, para esperar el segundo, un alumno que se condena a la austeridad mientras ve que otro, de su misma edad, se llena los bolsillos en medio día. Un ecosistema que se sacrifica por centavos de gasto rápido.
Quizás sea también un problema de confianza. ¿Qué garantías tenían los niños sobre el segundo dulce? ¿Podrían confiar en esos adultos desconocidos? ¿habían sido decepcionados antes?
¿Y qué garantías tenemos nosotros? Creo que hemos llegado a un punto donde solo podemos confiar en el sagrado 'like', y que esa se ha vuelto una motivación tan universal que obnubila. Vuelvo al duelo del placer que en el cerebro mantiene la oxitocina y la dopamina, lo trascendente y lo instantáneo, lo “para siempre” y lo “para hoy”. La adicción más intangible de todos los tiempos.
Para los niños del experimento hubo un pronóstico: años después, quienes esperaron mostraron, en promedio, mejores notas, menos problemas de conducta, mayor capacidad para manejar el estrés y relaciones más estables.
Pero si los problemas de la isla salada se resuelven con un dulce, sería a la vez irónico y poético. Quizás habrá que tener paciencia, confianza, quizás si exista el segundo marshmallow.
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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.



















