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Cuando Narciso no es tan bonito

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Edna Rueda AbrahamsEn algún momento, sin darnos cuenta, confundimos autonomía con aislamiento. Pintarse el pelo, construir un mueble, criar un hijo sin tribu o sanar sin testigos: todo se volvió una prueba de mérito individual. Como si necesitar a otro fuera una debilidad, como si compartir lo cotidiano fuera anticuado.

Se nos dijo que bastaba con querernos a nosotros mismos, que el amor propio lo curaba todo. Pero nadie nos explicó que ese amor sin amor compartido es un eco vacío, una bandera en un desierto.

El mercado lo entendió muy bien y nos vendió libros de “autoayuda”, cursos de ‘’autocuración”, terapias de “autosanación”, como si cada uno de nosotros tuviera las herramientas completas para remendarse solo. Pero ¿qué pasa cuando el dolor no se nombra? ¿Qué ocurre cuando el otro no está ahí para mostrarnos que estamos repitiendo patrones, negando heridas, o disfrazando traumas de personalidad fuerte?

Nos llenamos de frases bonitas, de mantras, de excusas para no mirar de frente. “Soy autosuficiente”, decimos, aunque por dentro sintamos que no nos alcanza ni la fuerza ni la ternura para sostenernos. ¿De dónde viene esa necesidad de idealizarnos? ¿Por qué se volvió tan difícil admitir que fallamos, que a veces no sabemos, que hay días en que no podemos?
¿Qué tan peligroso puede ser construir una identidad sobre una evaluación falsa, sobre una imagen que hemos repetido tanto que no deja espacio para la duda?

El amor, por ejemplo, se ejerce muchas veces como una suerte de delirio, una idealización del otro que nos impide verlo por completo. Pero ¿qué pasa cuando esa idealización se vuelve hacia adentro? ¿Qué pasa cuando uno se idealiza a sí mismo, cuando se repite hasta el cansancio que es fuerte, que es capaz, que es valioso, sin permitirse nunca ser frágil, confundido o equivocado?

Narciso, al menos, quedó absorto con la belleza real de su rostro. ¿Pero qué pasaría si ese rostro no hubiera sido tan bello, y aun así se convenciera de que lo era, simplemente porque no toleraba cuestionarse? ¿Y si ese rostro fuera el mío?

Yo misma —y te lo digo sin vergüenza, como quien escribe para reconocer, no para fingir— he caído en esa trampa. Me he repetido que soy resiliente, que “me tengo a mí misma”, que “nadie puede herirme si yo no lo permito”. Pero luego llegó el dolor, la pérdida, el fracaso… y me di cuenta de que no bastaba con mirar hacia adentro si no tenía con quién contrastar lo que veía. Que mis propias sombras no se disipaban con decretos, sino con confrontación, en compañía, con verdad compartida.

Quizás no somos tan valientes como nos han hecho creer los memes. Quizás querer no siempre es poder. Quizás el fracaso, el defecto, el lado oscuro sí nos habita. Quizás tenemos responsabilidad en la pérdida de ese empleo, en la terminación de esa relación. Quizás no es un complot de planetas, ni es culpa de Mercurio retrógrado, ni del signo zodiacal. Quizás no todo depende del entorno y sí ha llegado el momento de empezar a moldear al único ser sobre el cual tengo plena potestad: yo misma.

¿De verdad creemos que podemos hacer todo solos? ¿Cuándo fue la última vez que pediste ayuda sin sentir culpa o vergüenza? ¿Cuándo fue la última vez que reconociste que la mirada del otro te incomoda porque te muestra algo que no quieres ver? ¿Es posible autoconocerse sin habitar también el reconocimiento en la mirada ajena? ¿Cómo saber si esa imagen que tengo de mí misma no es solo una repetición hueca de lo que me enseñaron a creer?

El diálogo, el verdadero, se ha ido perdiendo. Porque dialogar implica ceder, escuchar, quedar al descubierto. Y esa es una experiencia que la cultura del “auto” no soporta. El “auto” no se confronta, no se contradice, no se deconstruye. El “auto” es circular, cerrado sobre sí mismo, impermeable al error. Pero la vida es porosa. Se filtra, se cruza, se entrelaza.

Tal vez haya llegado la hora de salir del “auto” y volver al “nosotros”. No por debilidad, sino por humanidad. Porque nadie se salva solo, y aunque se diga mucho, no hay tutorial que sustituya un abrazo, ni afirmación que compense una escucha.

Última actualización ( Sábado, 21 de Junio de 2025 09:44 )  

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