
El Departamento Archipiélago no resiste más cimbronazos. Fuera de las tormentas tropicales y los huracanes –naturales o políticos–, la furia de estos sorpresivos embates en forma de sentencias dictadas desde la metrópoli hacen cada vez más difícil, por no decir imposible, la marcha de los Planes de Desarrollo locales y de la propia agenda nacional.
Como se recordará, en la elección del 29 de octubre de 2023, Nicolás Gallardo Vásquez obtuvo 20.038 votos equivalentes al 70.32 % del total del sufragio, mientras que su más inmediato contendor alcanzó 6.386. Una diferencia jamás presentada desde 1991, cuando principió en el país la elección popular de mandatarios en las antiguas Intendencias y Comisarías.
Despojar de su investidura a quien triplicó en votos a su adversario más cercano luce, por lo menos, extraño con el forzado argumento de que ‘pidió votar a la asamblea’ por un miembro de su propia alianza, pacto o coalición política. Esto, más allá de si se es simpatizante o no del gobernador actual y/o de su partido.
Aquí, en el Departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, tanto o más que en ninguna otra parte, hay que defender la institucionalidad y sobre todo el mandato popular gestionado en democracia. Reiteramos: nos gusten o no los resultados.
Estamos en las llamadas ‘Fronteras azules de Colombia’, a escasas millas náuticas de Centroamérica y sin otra conectividad que la vía aérea; en aguas de la Reserva de Biosfera Seaflower; un maritorio que fue cobijado por normas especiales consignadas en el Artículo 310 de la Constitución, que muchas veces parecen desconocer políticos, funcionarios y magistrados nacionales.
Así las cosas, hoy no se trata de defender a Gallardo Vásquez por su color político, religión u origen social o étnico. El caso es soportar con argumentos y energía un proceso democrático y administrativo para que culmine, de una vez por todas, el período para el cual fue elegido por voluntad popular; situación que no ocurre en las islas desde el año 2012. Créase o no.
Salvo que queramos, claro está, la visita de otro virrey nombrado en las alturas de los Andes como encargado de regir allende los mares nuestros destinos, mientras en oficinas anónimas se cocinan ‘salidas institucionales’ que tarde o temprano terminen convocando a nuevas elecciones regionales que vuelvan y se anulen por el consejo de algún sabio magistrado.





















