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Donantes de Vida

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SANABRIA.OBISPOHay variadas formas de donar para que otros tengan vida. Donar sangre puede salvar tres vidas. Donar órganos alivia a un hermano enfermo. Donar recursos aliviana la carga de los pobres; donar cualidades enriquece a quien recibe. Son expresiones bonitas de solidaridad.

Jesús lanza una campaña muy exigente. No se trata de donar algo, se trata de donar la vida. Jesús ya lo hizo, e invita para que otros lo hagan, especialmente a la juventud. Se vale de una bella imagen: El buen pastor, el que da la vida por las ovejas.

Dar la vida, sin buscar satisfacción personal, más bien, para que los demás tengan vida en abundancia. El objetivo de los donantes de vida es ayudar a que todos encuentren felicidad. Tarea nada fácil, porque desafortunadamente muchos la buscan en el lugar equivocado.

“Una oveja descubrió un agujero en la cerca y se escabulló a través de él. Estaba feliz de haber escapado. Anduvo errando mucho tiempo y acabó desorientándose. Entonces se dio cuenta de que estaba siendo seguida por un lobo. Echó a correr y a correr…, pero el lobo seguía persiguiéndola. Hasta que llegó el pastor, la salvó y la condujo de nuevo, con todo cariño, al redil. Y a pesar de que todo el mundo le instaba a lo contrario, el pastor se negó a reparar el agujero de la cerca” (Anthony de Mello).

El agujero que conduce a la infelicidad está siempre abierto. Y es transitado por muchas personas, que creer agarrar la felicidad y la libertad a dos manos por haber escapado de Dios. A sabiendas de que, alejados de Dios, vamos hacia el abismo, como avanza nuestro mundo sin Dios. Es ahí donde la misión del Buen Pastor es indispensable. A eso envió Dios a su Hijo, a tomarnos en sus brazos y volvernos a los pastos abundantes de la felicidad. Jesús quiere que muchos donen su vida por esta bella causa.

Les hablo de manera especial a los jóvenes. Existe la falsa idea de que los placeres del mundo son superiores a los placeres de Dios. Se piensa que dedicarse a las cosas de Dios es perderse de lo mejor, se cree que dedicar la vida a Dios es desperdiciarla. Ronda la falsa idea que quien se entrega a Dios lleva una vida de renuncia, y de negación.

La verdad es otra, quien entrega su vida a Dios descubre riquezas muy grandes. Conquista su felicidad, porque no hay mayor felicidad que dar la vida por quienes se ama. Se activa el amor sublime, porque dar la vida por amor, es la mejor forma de vivir. Se vive en un nivel superior, donde no se depende de los bienes materiales, sino que se conquista la riqueza del alma.

Se alcanza la belleza del ser humano. Se aporta a la construcción de una sociedad más justa. No es una vida de renuncias, es una vida de conquistas y de logros inmensos. Quien dona su vida a Jesús, no pierde nada, gana siempre.

Donar la vida a Dios nos plenifica, porque nos permite sumarnos a los sueños de Dios, respondiendo libremente a su llamado. Es vivir la vida entera como una vocación que nos mueve a servir con amor y fidelidad. Donar la vida para salvar personas con nombres y apellidos concretos; donar la vida para llevar la alegría de Dios a los que viven corroídos por la amargura. Donar la vida para ayudar a que las personas construyen su vida sobre la piedra fundamental que es Jesucristo y así logren buenos proyecto de vida. Donar la vida para que los enfermos no se sientan abandonados de Dios, sino que la presencia de un sacerdote a su lado sea la muestra concreta de un Dios que sufre, y comparte nuestras dificultades, y descubran cuánto amor les ha tenido el Padre celestial al llamarlos sus hijos.

Donar la vida para acompañar a nuestras comunidades, para hablarles de Dios, para celebrar con ellos su vida, reír con sus alegrías y enjugar sus lágrimas. Donar la vida para vivir hablando de Dios y enseñando el camino de Cristo Jesús. Donar la vida para ir a donde no muchos quieren ir, y ser signos de la presencia de Dios y acompañar a las comunidades en la lucha por la justicia y la fraternidad. Donar la vida para morir sirviendo, con una sonrisa imborrable. Donar la vida para que sus labios pronuncien siempre y en todas partes que el amor de Cristo sigue vivo, y qué él es quien nos salva.

Donar la vida nos arranca lágrimas, nos pide esfuerzos inmensos, nos exige caminar en contra corriente, pero nos hace entender que no hay manera más digna de vivir, que donando todo lo que hemos recibido para el bien de los demás. Gracias a todos los sacerdotes que están donando su vida. Invitados los jóvenes a escuchar la voz de Dios que les lanza el reto de ser donantes de vida.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

 

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