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Sobre la conciencia política

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Una de las cosas que no ha cambiado sustancialmente en el país es la poca conciencia política de los colombianos. En particular, la de los jóvenes, dado que ha sido un tema poco explorado en el ámbito académico. Ello se ha visto reflejado en la falta de interés por el bienestar público de buena parte de la sociedad colombiana.

Más bien parece que con el paso del tiempo se ha acentuado su gravedad, como lo refleja el hecho de que el papel de lo colectivo y el trabajo transformador de las relaciones de poder en Colombia no hayan tenido mayores cambios hasta la fecha. Pese a la apertura política que representó la aprobación de la Constitución del 91, cuyo impacto en los ciudadanos no superó las expectativas.

Muchas personas siguen pensando que con sólo ir a las urnas y depositar el voto por el candidato de su preferencia agotan su obligación con la democracia, por ejemplo. Y otros continúan creyendo, demasiados, quizá, como en la antigua Grecia, en el carácter elitista de la participación política que sólo puede ser ejercida por un determinado número de personas que gozan de poder económico, buena labia y relaciones públicas (influencias), entre otras dispensas.

Contrario a lo que piensa el filósofo, Michael Sandel, quien entiende la política como una acción de responsabilidad compartida que no solo involucra a las élites gobernantes, los colombianos de a pie se desentienden de gran parte de su responsabilidad con la democracia tan pronto se cierran las urnas. Y la acción para promover cambios es delegada sin cuestionamientos en líderes mediocres, incluso de corte autoritario.

La existencia de una conciencia política ciudadana implica observar con ojo crítico prácticas deleznables como dar y recibir regalos baratos que amarran votos (materiales de construcción, medicinas urgentes, suéteres y plata en efectivo para mitigar necesidades inmediatas), en época electoral. Eludiendo así, tanto ciudadanos como candidatos, la responsabilidad de trazar juntos los planes necesarios para tratar de resolver los grandes problemas sociales que aquejan a la nación entera, como la desigualdad y la pobreza.

Que esto haya trascendido hasta hoy solo demuestra que mucha gente todavía es incapaz de dimensionar la importancia de la política en la vida de todos. Gente que aún no alcanza a comprender que con el voto entrega la toma decisiones, que influirán poderosamente en lo que se han de convertir más adelante, y pasa a depender del sujeto político escogido para tal cosa, a quien luego descuida.

De ahí que sea importante y trascendental la pedagogía política, ausente en gran parte del país, que prepare a los ciudadanos para ser menos vulnerables al dogma. Una que logre causar una gran explosión de interés de los ciudadanos en la política y la búsqueda de solución a los problemas.

Que incluya diversas perspectivas que apunten a formar más y mejores ciudadanos con pensamiento político amplio y un buen nivel de criticidad, que coadyuve a construir y fortalecer nuestra frágil democracia. En especial, los ciudadanos de las zonas apartadas de los centros urbanos grandes y medianos y de la ruralidad.

Es fundamental que la ciudadanía logre enriquecer su concepción personal y social sobre la actividad política. La falta de saberes acerca de esta materia tiene un gran impacto en los procesos políticos que se desarrollan en una nación como la nuestra, en cualquiera de sus etapas, y ha impedido que exista una mayor comprensión de la importancia del voto popular por parte de la gente común y corriente.

En virtud de lo anterior, indicadores como el del abstencionismo —que en Colombia no está claro si constituye un indicador del número de electores que por desacuerdo u oposición deciden no votar para no legitimar a los aspirantes a gobernar o se trata de un acto de ignorancia política— se han mantenido en Colombia en los niveles más altos durante casi toda la vida republicana.

Al igual que los motivos que mayormente mueven a los ciudadanos a ir a las urnas, entre los que se destacan las promesas de cuotas burocráticas tanto para sí mismos como para los familiares y amigos, la obtención directa de contratos públicos, cercanía con el poder (practicas no extrañas en el juego político pero que en Colombia sobrepasan niveles razonables), entre otros.

Aún es tiempo de darse cuenta de que negarse a participar políticamente más allá de las elecciones termina siendo siempre una actitud que conlleva al error de ser gobernado por personas inferiores a sus responsabilidades o adscritas a causas políticas radicales o auspiciados por gente sub júdice, por decir lo menos.

Sumativo: En Colombia el 81% de los jóvenes entre 18 y 24 años no votaron en el plebiscito por la paz. Al respecto el pedagogo colombiano Julián De Zubiría manifestó: "se equivocan quienes dicen que hay exceso de politización en las aulas y proponen prohibir libertad de cátedra. Necesitamos lo contrario: fortalecer y cualificar la formación política de los jóvenes".

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresen.

 

Última actualización ( Sábado, 17 de Abril de 2021 08:53 )  

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