
En los últimos tres años y en lo que va del 2010, 244 personas de los países de Eritrea, Somalia y Etiopía, fueron deportadas y expulsadas del país por permanecer de forma ilegal en Colombia, país considerado por las mafias de tráfico de personas, como un puente obligado para enviar a sus víctimas a los Estados Unidos. Este trampolín es también utilizado por los asiáticos y en menor grado otros suramericanos.