Bajo la cama

Imprimir

Todos escondidos de los malos que entraron en casa, cuando el que cuidaba les abrió la puerta, y sin mirarlos a los ojos, en acuerdos tácitos que no entendemos, se quedo viendo como nos hacía daño.

Y el piso bajo nosotros se hace húmedo, entre las lágrimas y el sudor de la ansiedad, y la mezcla de nuestros humores hace rancio el clima bajo la cama, pero el miedo nos detiene para levantar la voz o el cuerpo.

De pronto pensamos…y ¿si se equivocan?, porque bajo la cama, en la oscuridad todos somos iguales, porque dicen que vienen por él, porque dicen que él les debe, pero ¡es solo un niño!, y aquel que está a mi derecha es un padre de familia, yo he visto a sus hijos… y a ella la conozco: es mi vecina, ¿y cuando vengan por mi hermano?, y ¿cuando vengan por mi amigo?... ¿quién llorará conmigo?

Estamos todos bajo la cama, y nadie nos salva, nadie nos cuida, nadie los para… y se oye que se acercan en una moto azul, y se bajan y le apuntan… y luego el sonido que todo lo calla… la sangre se mezcla con el sudor y las lágrimas, y uno menos tiene miedo,.. Pero entonces el miedo de todos se crece… y estamos todos bajo la cama… me tapo la boca,… me sale el dolor por detener el grito.

Todos escondidos: culpables e inocentes, estamos bajo la cama esperando para ver a quien se llevan esta vez: preparando condolencias y lutos, unos se tapan los oídos para no oír el disparo, unos se tapan los ojos para no ver el muerto, otros se tapan la boca para no contarlo todo.

Y mientras estamos todos esperando, la sangre sigue la línea del andén, cruza la calle, se mete entre los adoquines, entre las palmas de coco, entre los carros de fruta, contamina la comida con el sabor del muerto, y en cada mordisco nos contamina a todos, ahora ya no hay culpables o inocentes bajo la cama, todos sabemos algo, todos oímos algo, todos bebimos de su botella, comimos de su plato, ahora todos tenemos el mismo miedo, porque cada muerto soy yo, un poco de mi se muere con cada disparo, algo de el difunto sigue vivo cuando yo camino, entonces nos damos cuenta: bajo la cama vivimos los condenados a muerte: han venido por todos nosotros.