La enormidad del Joe Arroyo

Imprimir

NADINTodo ídolo, se sabe, no muere. Igual que la cumbre de una montaña, Joe Arroyo siempre estará a la vista de todo el mundo. Tuvo como meta la fama y la consiguió con creces, como suele ocurrir con los grandes propósitos humanos.

Fue un hombre que procuró ver lejos en el tiempo y no aguardó a la suerte para alcanzar el horizonte que se mostraba ante sus ojos.

Vivió una vida repleta de contrastes. Pero hizo de los mismos el fuego y su razón de vivir. Siempre se oye decir que las leyendas se construyen con el paso del tiempo, mas yo debo advertir que la del Joe Arroyo hace rato que lo es. Lo que él trajo de novedoso para el mundo de la música tropical no se lo llevará el viento de la desmemoria como si sucede con las promesas políticas.

La diferencia de culturas en Colombia trazadas por la geografía y la Conquista  española, no fue óbice para que su música se instalara en el imaginario popular con la vertiginosidad de un bólido. Desde el comienzo tuvo la disposición de no rendirse ante nada con tal de lograr el sueño de ser cantante. Todos los hombres vacilan, pero el Joe con su profundo deseo de salir delante jamás sucumbió a la natural adversidad que se encuentra en los caminos de la vida de toda persona.

La revolución que produjo en la música tropical colombiana, no pasará jamás. Como la eternidad. Su simpatía personal se constituyó en el factor más importante que impulsará su carrera artística. Y tuvo a bien no despojarse de la sencillez y la humildad con la que naciera en el viejo barrio Nariño de Cartagena para enfrentar los retos que se impusiera él mismo.

Fue en La Heroica, precisamente, donde tuve ocasión de descubrir cuan magno era. La profusión con que los ‘picó’ y las emisoras locales difundían sus canciones por todas partes, engendró en mí el más grande apasionamiento hacia su trabajo discográfico.

Aunque no llegué a entrevistarlo personalmente si lo hice por teléfono, y confieso que las pocas veces que eso ocurrió fui presa del encanto de su personalidad y la agudeza mental que poseía para la música.

El Joe no fue un hombre casual en este mundo, fue el espíritu iluminado que vino a darle fulgor a la cultura del Caribe colombiano. Le dio un perfil alto a los ritmos nativos, los fusionó perfectamente con la habilidad de un mago, y los propagó con especial carisma por todo el hemisferio y el planeta.

Seguramente estas palabras que escribo en homenaje al Joe Arroyo resultaran obvias para muchos, pero no podía dejar de hacerlo porque guardo en el corazón la misma adoración sin límites hacia su música y talento como la de cualquiera de ustedes.

Por Nadim Marmolejo Sevilla

COLETILLA: “Lo que hace que la vida sea animada y apasionante es la constante posibilidad de no estar”. Patricia Highsmith.


Add this to your website
Última actualización ( Sábado, 30 de Julio de 2011 07:07 )