¿Por qué los TLC?

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El mundo se está globalizando a una velocidad creciente y está cambiando radicalmente la forma de producir bienes y servicios, así como su localización espacial.

Un creciente número de productos ya no tiene nacionalidad, pues la fragmentación geográfica de los procesos de producción hace que ella no tenga sentido; estamos frente a productos globales cuyos componentes son fabricados en países diferentes, para luego ser ensamblados en otro y, finalmente, insertados en las redes de distribución mundiales que llegan a los consumidores de todos los rincones del planeta. La OMC se refiere a esos productos como “Made in the World”.

Este fenómeno ha generado cadenas globales de valor en las que se insertan los empresarios de las economías que crecen más rápido. Insertarse en ellas implica ser altamente competitivo y tener bajos costos de movilización tanto de insumos como de productos terminados.

En ese contexto, las economías que mantienen obstáculos arancelarios y no arancelarios al comercio mundial, se encuentran en desventaja. En cambio los interesados en aprovechar las ventajas de la globalización y de obtener beneficios del potencial de crecimiento que hay en el comercio internacional, negocian acuerdos de comercio con sus principales socios para reducir costos y ser más exitosos en las cadenas globales de valor.

Lamentablemente Colombia se ha quedado atrás en este proceso. Mientras que en el contexto internacional se vio un crecimiento acelerado de los acuerdos regionales o tratados de libre comercio (TLC) desde la década de los ochenta y muy especialmente desde los noventa, el país avanzó muy poco.

Incluso en el contexto de América Latina nos rezagamos; en 2004 varias economías de la región exportaban alrededor del 80% de sus productos bajo condiciones preferenciales permanentes a sus mercados de destino, en tanto que las exportaciones colombianas apenas lo lograban para el 24%.

Las desventajas de tal situación se hacen evidentes si tenemos en cuenta que las estructuras de exportación y los principales destinos son similares para la mayor parte de los países de la región.

Adicionalmente, Colombia está considerada hoy como una de las economías más cerradas del mundo. En el último ranking de competitividad del World Economic Forum, el país se clasificó en el puesto 134 entre 139 en el indicador de prevalencia de las barreras al comercio y en el puesto 101 en el nivel de su tarifa arancelaria.

Por si fuera poco, en los indicadores tradicionales de apertura económica –importaciones y exportaciones como porcentaje del PIB– se clasificó 131 y 125, respectivamente.


La suma de estos factores muestra la urgencia de adoptar las medidas para que Colombia recupere el tiempo perdido y cierre las brechas con otras economías de la región y del mundo. Los TLC son una de ellas, con el fin de nivelar el acceso a los mercados de los principales socios comerciales y definir unas reglas de juego claras para los empresarios e inversionistas.


Una medida complementaria es la política de competitividad que pretende reducir el rezago en productividad, que es una condición para la inserción en las cadenas globales de valor.

Los avances del gobierno Uribe y del gobierno Santos permitirán que en 2014 tengamos 13 TLC vigentes con 55 economías y un acceso preferencial permanente para cerca del 85% de las exportaciones. Es decir que con 10 años de retardo lograremos lo que un número considerable de países de América Latina ya había logrado en 2004.

Por Hernán Avendaño Cruz

Asesor Económico Mincomercio

(*) Recientemente ofreció una conferencia en la Cámara de Comercio de San Andrés y Providencia.


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