Habría que hacerle un funeral al mundo que conocíamos

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La ira llega luego, un enojo que se dirige a todos lados y a todos lados dispara. Se enoja uno contra el mundo, contra la autoridad y la ciencia, contra el verdugo que se llevó la normalidad y se esconde en la invisibilidad de un virus. Después tocarán a la puerta la tristeza, el dolor y la incertidumbre y con las tres caminaremos circularmente en nuestros hábitats áridos,  esperando que algo pase: optimistas los días pares y apocalípticos los otros.

Podríamos elegir un ataúd biodegradable o incinerar los restos, podríamos hacer del cuerpo el abono para un roble.

Tendríamos que hacer distancia en este entierro.  Dejar espacio entre las sillas y no darnos ‘la paz’ en la misa.  Estaría permitido ponerse de colores o de luto estricto, aunque es probable que solo estuviéramos vestidos de la cintura para arriba, tenemos ahora autorización para elegir que segmento de la realidad mostrar.

Podemos mandarnos flores, y puede que sean verdaderas o imágenes súper coloreadas que deslumbren la pantalla, podrían ser cargadas a tarjetas de crédito estériles y esterilizadas o a cuentas de nómina que ahora están en peligro de extinción.

En este funeral le daríamos un último adiós a todos esos asuntos que se han ido olvidando en la cuarentena: superficiales como pestañas postizas y profundas como las fiestas de cumpleaños con abrazos y pastel, como trabajos estables y rutinarios, como el significado de los días de la semana.

Como en todos los funerales habrá quien hable mal del muerto, de sus innegables vicios, sus desigualdades y sus inconsistencias, estará sin embargo quien siga llorando las constantes que se perdieron, los horarios, los negocios conocidos, los clientes de toda la vida.

Y, si algún día nos reconciliamos con la idea, si podemos vernos en la siguiente temporada de una serie perturbadora y absurda, encontraremos bases para una lógica nueva, donde las cosas son y no son al mismo tiempo, están y no están, se mueven y se estancan en un mundo que prueba que lo paradójico es lo usual ahora, entonces le llevaremos flores recicladas cada tanto al mundo que conocíamos y que ya se ha ido.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresen.

Última actualización ( Sábado, 30 de Mayo de 2020 08:17 )