Sobre las ilusiones creadas por el Coronavirus

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NADINAunque el momento histórico que estamos viviendo no proporciona muchos motivos para tener ilusiones, se habla tanto por estos días de que la crisis traerá cambios de paradigmas y la mentalidad del ser humano no será la misma en adelante. Eso es bueno, por la sensación vigorizante que produce en tiempos difíciles.

Sin embargo, la mayoría de estas ilusiones suelen quedarse en las nubes. No porque sean inalcanzables, sino porque, primordialmente, el peso tremendo del bolsillo vacío que dejan parálisis económicas como esta de ahora logra que muchos pierdan las ganas y las fuerzas necesarias para subir hasta allá y traerlas a tierra.

Además, porque no es un trabajo fácil deconstruir una estructura mental que lleva siglos instalada en nuestra masa gris y muchos se rinden en el intento. Las crisis puede que nos doten de más sabiduría, pero no nos despoja de la carga de lugares comunes que transportan los prejuicios arraigados en la cabeza y que impide ver los matices de la realidad.

De tal manera que llevar a la práctica después de la cuarentena lo que hemos pensado y soñado por estos días puede que lo volvamos a dejar pendiente para otra ocasión. Pero siempre existe la posibilidad de que no y es factible que podamos ver hecha realidad algunas cosas. ¿Cuáles serían esos cambios fundamentales que marcarían el nuevo rumbo de nuestra historia? ¿Cuál es la nueva visión que nos permitirá alcanzar lo soñado?

Por ejemplo, sería fabuloso si logramos revalorar exitosamente el trabajo de los profesionales de la medicina, quienes, no sólo por estos días, en gran medida dan la propia vida a diario por salvar la de otros y transformar en derechos mejores condiciones laborales.

También resignificar el trabajo de las mujeres empleadas en los hogares, que en España están dando muestra de su importancia vital asumiendo la responsabilidad de atender a muchos ancianos cuyos familiares no podían brindarles protección directa en esta crisis causada por la Covid-19.

Un cambio real sería lograr desmontar de nuestro cerebro hábitos y costumbres que le hacen daño al planeta, como el uso desmesurado del plástico, la desforestación indiscriminada, las emisiones incontroladas de CO2 a la atmósfera, y muchas otras que sabemos contribuyen al cambio climático y a la muerte paulatina e irreversible de la vida en la Tierra. Y no quedarse con el efecto tranquilizante que producen sólo criticar, despotricar, y juzgar al otro.

Un signo de transformación sería ver también el fortalecimiento de la unión familiar producto de este encierro y la deconstrucción, a través de un análisis intelectual, de la concepción patriarcal que se tiene del mundo para que los hombres podamos en adelante darle nuestras manos de apoyo a las mujeres en su lucha por la igualdad de derechos y adquiramos el compromiso de construir una convivencia pacífica y cooperación mutua en el hogar y la vida laboral y social.

En Colombia tenemos que conseguir cambiar el paradigma de que tomar un bus para venir a la ciudad es la única forma de progresar que tienen los habitantes de los pueblos y veredas del país. Muchos funcionarios públicos les harían un grande beneficio a los colombianos si actúan con apego a la ley y no con doble moral y en función del interés propio de acumular más poder político y económico.

En especial, el presidente de la república, los gobernadores y alcaldes sobre quienes recae la obligación de dar el ejemplo de que asimilaron bien las enseñanzas de la crisis y demostrar que superaron la tentación de buscar únicamente voltear a su favor la percepción de la gente en las encuestas y las tendencias de las redes sociales.

Después de la pandemia sería un gran paso para la humanidad observar que la economía, cuyos dividendos más suculentos van a parar hoy a pocas manos, también sirva sus frutos a los más necesitados en proporciones justas. Igualmente que "políticas que hasta hace poco se consideraban excéntricas, como las llama el periodista Martín Caparrós, como la renta básica y los impuestos a la riqueza", sean parte de la nueva realidad económica mundial.

Que las demandas sociales, como las que originaron las marchas de protesta del primer bimestre del año en curso, sean atendidas y resueltas, y que se acabe la matanza de líderes sociales, de mujeres y campesinos, la estigmatización de los contradictores del gobierno, y los focos de violencia que persisten en varias zonas del país.

En las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, el futuro prometedor que siempre han anhelado sus pobladores tiene que incluir la superación del grave problema de la sobrepoblación, la construcción de una amplia cultura ciudadana, hacer bien la planeación urbana, completar el sistema de acueducto y alcantarillado, desarrollar realmente un turismo sostenible, y ver funcionarios públicos que antepongan la ética al peculado.

Nada nuevo, por supuesto. Así que habrá que ver si esta vez tales ilusiones se materializarán en la pospandemia, cuando el sistema y su poderosa maquinaria contraataquen. O, simplemente, veremos nuevas formas de ganar plata.

Sumativo.- "Es que uno entiende muy tarde, y a veces nunca, el significado de las palabras que usamos todos los días, las más importantes: vida, vejez, pan, amor, dormir, conversar. Las usamos, por supuesto, pero no sabemos lo que significan", destaca el escritor argentino, Ezequiel Martínez Estrada, en su cuento 'No me olvides'.