Envejecer en el paraíso

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Más allá del paisaje que ha cambiado con los años, hacerse viejo en una isla que se cataloga como paraíso para el ojo incauto, en un lugar que no ofrece los servicios médicos adecuados, la señalización de las calles o al menos una continuidad accesible en los andenes, es un poco entrar en una aventura en la que se pone en riesgo la vida por última vez.

Puede que para quien se siente aun fuerte y ágil, caminar el espacio público, no ofrezca nada más que un paseo en el que se esquivan los obstáculos como en un video juego, pero para un adulto mayor, el diario vivir en un lugar que se plantea hostil desde todos los aspectos es sencillamente un riesgo.

Peor aún, como anota Emperatriz O’Neill –la mayor autoridad en las islas, cuando se habla del bienestar del adulto mayor–, “Hace 25 años no había casos de abandono y muy pocos de maltrato. El cambio de las dinámicas familiares y de jefaturas internas están invisibilizando y menospreciando el valor de los mayores en la familia. Antes nadie tenía que pensar que, por no tener hijos, no iba a recibir ayuda de un vecino, o aún de una comunidad religiosa. Nuestros viejos pobres y peor los que tienen algún grado de discapacidad física y mental, están a la merced del abandono, la insalubridad y la desnutrición. Hemos perdido tanto, que hasta hemos perdido el amor y el reconocimiento del otro mayor”.

Cuando los eslóganes de la política mundial se concentran en el ‘futuro’ del mundo, queda fácil olvidar los hombros en quienes nos paramos para ver el horizonte. No son solo los desplantes a la hora de cumplirles con los eventos que se les prometen, o la despreocupación por el cumplimiento en las políticas públicas comunitarias de salud (Programa de intervenciones colectivas no desarrollado por dos años en la isla); no es solo que los lugares habituales de socialización para este grupo (parques) estén ausentes de la estructura urbanística actual; ni es que la oportunidad de medicina domiciliaria este más allá de las predicciones; no solo pasa que las familias tienen que afrontar solas las necesidades de atención y adecuaciones; también es que son ellos quizás, el grupo que más es afectado por las inclemencias de un clima que literalmente se está comiendo las casas en las zonas costeras.

Una sociedad que se plantea un plan para el futuro debe ver con cuidado como trata a sus mayores, como se arma una ciudad que piensa realmente en un futuro, donde, por ejemplo, la gente alcance a envejecer, es en esos momentos donde se puede ver la calidad humana de quien se toma la dirigencia. Porque al final es este es el objetivo del gobierno como concepto: la preocupación colectiva por los grupos más vulnerables, el resto es recolección de impuestos.

Queda entonces en manos de los ciudadanos jóvenes hacer la exigencia que sea necesaria para aliviar las cuitas de quienes ya caminan lento, como perdonando el viento.


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Última actualización ( Sábado, 18 de Enero de 2020 08:49 )