Island Joker

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EDNA.RUEDEA2Mientras que el mundo se revoluciona con una película que pone en discusión lo que como sociedad hacemos por los enfermos mentales; en el año 2017, en las islas habían poco más de trecientos pacientes que por diferentes motivos habían consultado en el área de salud mental, ocho camas en hospitalización destinadas para estos pacientes (de estas al menos dos ocupadas por residentes permanentes).

Lo anterior, sin contar más de un centenar de habitantes de calle o en calle y un número indeterminado de adictos a la sustancias psicoactivas con un consumo peligroso.

En Joker, no solo se plantean las consecuencias más traumáticas cuando se suman todos los factores que la enfermedad mental, no solo muestra una radiografía dolorosa de una sociedad enferma desde la infancia, una comunidad que deja en las calles armas accesibles, anónimas y furtivas, sino que además nos obliga a buscar nuestro papel en una historia que nos es más cotidiana de lo que pensamos, trecientas veces más cotidiana.

La búsqueda sorda de la ‘normalidad’ cree que, si no se habla de un tema, si no se le presta atención, el problema, sea cual sea, desaparecerá, se difuminará y no habrá ocurrido nunca.

Curiosamente ese es el mismo mecanismo de defensa que se plantea en la psicosis: la forclusión, que no es evitación, ni represión, es más bien el borramiento completo de la memoria, de la consciencia, de la realidad, algo como lo que pasa cuando el ciudadano de a pie y el influyente caminan por el centro de la isla y omiten a las personas que duermen en la calle.

La pregunta que le puede surgir al lector, desde su cómodo lugar en el mundo, es qué puede hacer para cambiar estas circunstancias. El primer paso sería reconocer sus privilegios y sus vulnerabilidades, hacerse tácitamente parte de la lista de los trecientos, imaginar que, si no es paciente, conoce uno, es amigo de uno o familiar de uno. A nivel individual, cambie los mitos que le viven en la cabeza por certezas científicas y abandone los prejuicios.

Después de eso, deberá asumir que sus acciones sumadas transforman: asista a las rendiciones de cuentas de quienes toman las decisiones y haga las preguntas que se le ocurran. Pertúrbese de vez en cuando, cuando vea que otro ser humano camina las calles descalzo y suplica por una comida, pregúntese ¿cómo llegó ahí?, y ¿cuál fue la responsabilidad que juntos omitimos?

Si seguimos entrecerrando los ojos, como un intento infantil por obviar el problema, un día llegará un payaso que nos disparará entre los ojos.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresen.


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Última actualización ( Lunes, 21 de Octubre de 2019 05:12 )