Más allá de la gaita

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EDUARDO.GARCIA2

Desde hace 34 años se realiza en Ovejas - Sucre- el Festival Nacional de Gaita Francisco Llirene, convertido en multitudinaria respuesta al llamado de los ancestros indígenas que habitaron los territorios montemarianos desde épocas anteriores a la invasión hispánica ocurrida a partir de 1492.

Hallazgos diversos dan cuenta de asentamientos humanos precolombinos en estas tierras, dedicados especialmente a la agricultura de subsistencia y los oficios cerámicos y de orfebrería en menor escala. Piezas grandes, medianas y pequeñas se han encontrado en los alrededores de Ovejas, entre ellas una obra que muestra a una mujer tocando la Chuana -gaita-, instrumento musical con el que se animaban los entretenimientos, se festejaban las labores de siembra y recolección de las cosechas y se rendía culto a la naturaleza.

Este festival lleva el nombre del gran tamborero Francisco Llirene, quién vivió desde niño en Ovejas y se convirtió en una leyenda por la forma de tocar su instrumento construido con madero y cuero de chivo, animando los jolgorios en los pueblos de la región y también en la alta montaña. Se dice que en ocasiones quitaba el cuero de su tambor y lo reemplazaba por el trapo rojo de su golilla, arrancándole sonidos fabulosos.

El festival es un oasis en medio de las innumerables penurias actuales de los habitantes de Ovejas, población que vivió épocas de esplendor cuando el tabaco negro era fuente de trabajo y riqueza. El conflicto armado que ensangrentó los Montes de María acabó con la siembra, el procesamiento y la exportación del tabaco, trayendo pobreza y desesperanza. Hoy, el pueblo es un manchado daguerrotipo de lo que fuera en el pasado, con desempleo creciente y el campo improductivo.

Para colmo, los enfrentamientos políticos tradicionales no dan paso a nuevas iniciativas ciudadanas que pudieran contribuir a superar los muchos problemas que se enfrentan. Es urgente que los diferentes actores de la comunidad trabajen en armonía si quieren que la actual situación no se eternice. El festival de gaita podría servir para iniciar un gran debate sobre este particular y ser el vehículo que, desde la cultura, propicie el proceso de recuperación de la antigua pujanza de la población, fundada por Antonio de la Torre y Miranda en 1776 y que ayer inició la versión 35 de su estupendo festival con gaiteros, tambores, cantadores, bailadores y asistentes de distintas regiones del país.


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