Analfabetismo funcional

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OSWALDO.SANCHEZ

“Con el fin de recordar a la comunidad internacional la importancia de la alfabetización de las personas, las comunidades y las sociedades, así como de la necesidad de intensificar los esfuerzos para lograrlo”, la UNESCO declaró el 8 de septiembre como Día Internacional de la Alfabetización.

«El desarrollo del mundo moderno, la independencia de un gran número de países, la necesidad de emancipación real de las personas y de la participación cada vez más activa y productiva en la vida económica, social y política de los millones de analfabetos adultos que aún existen en el mundo, hace imprescindible cambiar las políticas de educación nacionales...

...Los sistemas educativos tienen que responder a las necesidades de formación tanto de las generaciones jóvenes que aún no han comenzado la vida laboral, como de las ya adultas que no se han beneficiado de los mínimos esenciales de una educación básica. […] Los planes educativos nacionales deberían incluir paralelamente la escolarización infantil y la alfabetización de adultos», dice la UNESCO.

Pareciera que Colombia ha tomado las cosas con aparente seriedad, al pasar, según el Ministerio de Educación Nacional (MEN) del 27,1 por ciento de analfabetas en 1964 al 5,24% (1.857 mil colombianos) en 2017, es decir, una reducción de 21,86 puntos porcentuales en cinco décadas.

Lo que omite decir es que no se cumplieron compromisos de 2016 con organismos internacionales como la OEI, con quienes el gobierno, que buscaba denodadamente esa esquiva paz “estable y duradera”, pactó que para el año 2018 la tasa de analfabetismo en Colombia sería del 3,8% haciendo al país territorio libre de analfabetismo, pero no fue así, ya que el MEN se salió del pacto, por lo que hubo que cerrar el convenio con la OEI, según declaró Ángela María Tafur, presidenta de ‘Give To Colombia’. No fue que no se pudo, sino que no se quiso.

A lo anterior se debe agregar que el 12,6% de la población de la zona rural es analfabeta, según el Censo Nacional Agropecuario de 2014. Como siempre, la carga profunda de la inequidad con las gentes menos favorecidas y más desprotegidas.

Advierte Filanderson Castro Bedoya en escrito publicado por el Colombiano.com que: “Un nuevo desafío se han encontrado los programas de alfabetismo en Colombia, pues a pesar de que su objetivo final sea que la totalidad de pobladores del país puedan descifrar, codificar y transmitir correctamente nuestro idioma, poco útil resulta si esos individuos, que leyendo y escribiendo disminuyen las cifras de analfabetismo en las bases de datos, no tienen mucha idea sobre los contenidos que ahora pueden leer, dejando de lado la semiología, la construcción de ideas o el pensamiento crítico”. Es lo que se conoce como “analfabetismo funcional”.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “se puede comprender (la alfabetización) como un derecho de las personas y un deber de las sociedades: no hay posibilidad de alcanzar una democracia efectiva, mientras gran parte de la población se mantenga fuera del acceso a la lengua escrita”.

Y es que no puede ser de otra forma, pues democracia también es la distribución de conocimiento dentro de la sociedad; pero como la experiencia lo demuestra, no ha estado en los planes de ningún gobierno atacar de raíz este flagelo, sino apenas maquillarlo.

Y esa es la lectura que se debe hacer del Informe de Educación del Milenio para Colombia, elaborado por el MEN, en el que se lee que este analfabetismo funcional llega a un 15,5 % a nivel nacional, lo que quiere decir que hay cerca de 2.7 millones de colombianos analfabetas funcionales, como afirma Jaime Alberto Leal Afanador, rector de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD),

¿Qué representan para una sociedad, para un país tan altos índices de analfabetismo? Obviamente la productividad se verá seriamente comprometida por la falta de conocimientos y capacitación, reduciendo ostensiblemente las oportunidades de participación laboral.

“Complementariamente, el analfabetismo se asocia con conductas de riesgo que implican mayores niveles de mortalidad, morbilidad y accidentabilidad entre los analfabetos, así como de los niveles de fecundidad en el caso específico de las mujeres. A su vez, incrementa, de manera transitiva, los riesgos entre sus descendientes”, también advierte la CEPAL.

¿Se habrá pronunciado al respecto alguno de los candidatos a sentarse en la poltrona del Coral Palace? ¿Alguien los habrá cuestionado al respecto?

COLETILLA. Se fue la “duma” para Providencia (9 a 12 de octubre) “porque no podemos seguir con Providencia descertificada en temas de educación…”, dice su diligente presidente; además, esperan la presencia de la Secretaria de Educación para indagarla acerca de qué pasa con tan importante cartera en esas islas.

¿Y no le podían preguntar eso aquí? ¿El gobierno local está solicitando la certificación? (de eso no se había oído nada). Y si la indagación resulta igual a lo que pasa en San Andrés… más platica perdida. Buen y feliz periplo, diputados.

 


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Última actualización ( Sábado, 12 de Octubre de 2019 08:40 )