Los piojos y el amor

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La evolución: generosa y demandante al mismo tiempo, cada vez que da una ventaja a un organismo le resta una aptitud. Cuando, por ejemplo, ella –la evolución- nos dejó ver más allá de la maleza y parados en las dos patas traseras, le dimos libertad a la mano para que construyera herramientas -y en consecuencia nos hiciera más inteligentes-, achicó las pelvis quitándole a nuestras crías ese año extra que les permitiría caminar en cuanto nacen y no esos pequeños débiles e indefensos que son.

Por otra parte también agudizó el llanto y lo puso en decibeles que llegan sin escalas hasta el centro del cerebro para producir en la madre prolactina y luego leche… a quien la naturaleza le quita, luego inexorablemente le da.

¿Y el piojo?... Bueno, el piojo entra siempre como este parásito que junto a la garrapata y la mortal pulga  (la pulga ha matado más personas en la historia de la humanidad que todos los tsunamis juntos, que las bombas atómicas e incluso que el V.I.H) adquirió un estatus avanzando junto a la evolución de los mamíferos.

¿Y qué nos dio la evolución al quitarnos la tranquilidad con el prurito del parasito? nos picaba y cuando algo pica, que placer es rascarlo. El piojo permitió al hommo erectus empezar un tipo de ritual que copia del de monos inferiores, adoptó unas implicaciones superiores: acicalarse unos a otros.

Tomar tu piojo, hacerte limpio, empezar  a  demostrar que otro que no es  ‘él YO’  al que no contengo, me importa.  Que tu bienestar me alegra… ese es el primer paso evolutivo de lo hoy llamamos amor.

Madre a hijo, hermano a hermana, hombre a mujer, acicalarse constituye una muestra de aceptación: de compromiso.

Primero hacia el cercano, al que se me parece, hacia aquel que también me acicala, luego hacia otro que es distinto, por ultimo avanzando hacia lugares intangibles … la luna, los dioses, la lluvia, la tierra, la nación, el arte… Impuestos, ritos, pinturas, son solo formas más elevadas de espulgarse.


La evolución del amor, que empieza con el piojo, termina con la perfección del sentimiento que significa amar al enemigo; generó y genera, todo aquello por lo que hoy somos quienes somos.

Los conceptos de sociedad se basan en la promesa de hacer el bien para la mayoría. Las leyes, la poesía, las guerras, la ciencia, la industria;  todo termina en un concepto primitivo: hijo/a, esposa/o, amigo/a,  patria: “Prometo ser yo quien saque tus piojos, espero que seas tú quien saque los míos. Cuando algo te pique: te rascaré, cuando algo me pique, quiero que tú me rasques”.

¿Nos eso lo que todos queremos?

Edna Rueda Abrahams