Hugo, Paco, Luis, y el Paraíso Perdido…

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JORGE.SANCHEZDados los hechos que recientemente son noticia, tanto local como nacionalmente, y que ya han trascendido fronteras; tres personajes en la isla, cada uno con una visión diferente de la vida, coindicen en que tanto ellos como la seguridad en la isla actualmente, parecieran temas de caricatura en San Andrés.

Y no es para menos: un paraíso en donde, hasta hace pocos años las palabras sicario, atracador, hurto y asalto a mano armada, entre otros, no eran comunes en el léxico de sus habitantes, que a propósito, hace rato dejaron de ser los 49 mil que reveló hace poco el DANE producto de un censo que poco se sintió en la isla.

Hugo es académico en la disciplina de antropología; hombre controvertido y suspicaz que gusta reunirse con sus ‘hermanos del alma’, porque se graduaron en el mismo colegio en el años 1974. Él a diferencia de los otros dos, ha caminado el mundo en busca de soluciones a los problemas que aquejan algunas culturas.

Paco, cuyo verdadero nombre es Francisco, forma parte de un selecto grupo de empresarios con éxito, hombre hábil y despreocupado; regordete y bonachón. Luis, por su parte, se convirtió en hombre de mar desde los 20 años; quien al contrario de sus dos amigos de infancia, ha protagonizado varias trifulcas callejeras.

Así y todo, tan diferentes el uno del otro, departen alegremente de vez en cuando; entre cerveza y cerveza, y movimientos de fichas de ajedrez, conversan sobre diferentes temas cotidianos. En esta ocasión no pueden evadir hablar de San Andrés, el paraíso perdido.

Se mueve un peón. “La situación está delicada, pareciera que Adán mordió la manzana y con ello se acabó el paraíso”, dice Paco. Hugo por su parte, observa el juego previniendo una gran confrontación entre los dos otros colosos y guarda silencio.

“La manzana fue mordida hace mucho. Yo apenas era un niño y todo estaba cambiando ya: el idioma, el intercambio de bienes y servicios, eso de ayudarnos el uno al otro se volvió una firma en un papel; como si la palabra no valiera nada… El peso colombiano empezó a ser la principal razón de las relaciones personales: un negocio en definitiva”, responde Luis, mientras su mano recorre el tablero.

“Sí, recuerdo ésa época, todo ha ido cambiando definitivamente. Aun así había cierta paz y tranquilidad hasta hace muy poco; pero la isla se fue llenando de gente y de problemas. Lo que se pensaba que era asunto exclusivo del narcotráfico, se volcó a querellas sin ton ni son. Por cualquier motivo se esgrime un arma; extraño las épocas de colegio cuando las diferencias se zanjaban a trompadas… ¿Recuerdan?”, comenta Paco mientras continúa el juego.

“A ti mismo te zampé un par de ellas, una tan fuerte que todavía mis dedos me lo recuerdan. Eran otros tiempos, donde agarrar un palo o una piedra era muestra de debilidad; hasta recuerdo haberte dado la mano para que levantaras tu enorme trasero del piso”, responde, entre carcajadas, el aguerrido Luis mientras alza su cerveza y brinda por la amistad.

“¡Deberían sacar a los malandros de una! ¡Pérdida de la residencia y chao pescao!... Un problema menos”, insiste Luis.

“Pero es que nuestra legislación tiene tantos recovecos, que los abogados las usan en defensa de los acusado; así es el derecho napoleónico, se ajusta a las formas de pensar y en los tribunales se interpreta. Esa es la dinámica, por lo menos en este país”, explica Hugo, al tiempo que sugiere con los ojos a Luis para que ataque la reina… y sonríe.

“Paga la ronda de cerveza. Deja de hacerme trampa con esa sonrisita burlona o sentirás mi mano izquierda sobre ti. Es que hay que ser muy inocente para vivir en el paraíso”, insiste Paco, mientras pide más cerveza al mesero. Todos ríen.

Así, de cerveza en cerveza, entre chismes, chistes, risas y jugadas, especulan variadas opciones para solucionar la problemática actual de la isla. Mientras tanto, hoteleros, comerciantes, prestadores de servicios turísticos, medios de comunicación, amas de casa, raizales, ‘pañamanes’ o ‘sharkheads’ (legales o no), exponen cada quien su versión como coros disonantes.

Lo cierto es que para reversar o mitigar los daños causados en cualquier sistema de vida, que se haya visto afectado en forma negativa, se debe empezar por reducir al máximo las fuerzas de impacto; máxime cuando la semilla se ha visto deteriorada. Y en San Andrés, esto tomará su tiempo.

Y a todo esto… ¿en dónde quedan nuestros hijos? A ellos les han quitado también los pocos espacios de estudio, de sana diversión; de nacer o de ser bien atendidos por enfermedad. Incluso se les niega un medio ambiente sano.

Pero este será el tema de un nuevo movimiento de fichas de Hugo, Paco y Luis, continuando la partida en busca de hacer jaque al rey. ¿A cuál de los dos?


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Última actualización ( Domingo, 28 de Julio de 2019 06:22 )