Alma sintética

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EDNA.RUEDEA2Su invento era un alma sintética. Aunque el descubrimiento había sido incidental, pudo condensar en el laboratorio un alma hecha de silicona verde con estrellas chiquitas y polímeros reciclados de chicles usados en el trópico.  

El trabajo de recolección era arduo e incluía revisar, con guantes el respaldo y el fondo de cada silla, de cada cine, en cada ciudad tropical en búsqueda de goma de mascar, juntarlo luego con cantidades industriales de silicona verde con estrellitas, mezclarlo en una reacción moderadamente fácil de replicar que usaba el neón de las lámparas rotas de los bares de desnudistas asiáticas, y así, entre tubos de ensayo y papel aluminio producir un alma 100% artificial.

El invento tenía varios objetivos: estaba obsesionado con crear un ejército de almas nuevas, ensayar el reemplazo de las ya gastadas, para algún día popularizar el trasplante como si fuera el de corazón o el de hígado. Tenía a su cuenta mil quinientos cuarenta y dos estudios prospectivos sobre el tema, varios de ellos escritos en forma circular sobre papel de arroz, de esta manera se conservaba mejor el espíritu de la investigación y se garantizaba que el conocimiento siguiera siendo alimentado.

Otra cosa era buscarle el contenedor definitivo a este invento.                                         

Mientras lo pensaba mejor, la conservaba en un frasco de mermelada de mora que aún tenía restos del dulce en la tapa. La cubría con una tela negra en las noches, para que dejara que brillar como lo hacen todas las almas nuevas. Era la única manera de dormir un poco.  

El mantenimiento era simple, había que sacarla con cuidado y sacudirla, las almas suelen llenarse de moho si no se mueven. La alimentaba con agua de mar, una vez oyó que el mar es alimento favorito de las almas.  Para que ella misma se acicalara, la dejaba frente a mosaico de ojos recortados de revistas de moda: todo el mundo sabe que los ojos son el espejo del alma.

Después unos años, cuando ya tuvo 302 almas artificiales enfrascadas, llegaron por él los del hospital. Se lo llevaron sin que pudiera tomar recaudos.

El ultimo experimento, en el que por falta de insumos tuvo que cambiar chicle por dulce de leche, logró mover la tapa de su propio frasco de mermelada, y ya afuera liberó a las otras 301.

Hoy no se sabe mucho de ellas, pero se cree que se han ocupado varios cuerpos y que preparan la toma del mundo. Guardan casi todo el sabor del chicle, las babas de quienes los masticaron, la onda de las desnudistas y las estrellas que venían en la silicona. Son en términos generales, irreconocibles a simple vista: es más bien que no se desgastan, que nunca se hacen sabias, son sorprendibles, juguetonas, vivaces, son en esencia almas siempre nuevas.  


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