El futuro de la pesca

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FABER.GONZALEZLa pesca representa mucho para el Archipiélago en el que vivimos y claramente ha representado mucho más en el pasado. La pesca representó una gran fuente de riqueza para buques y compañías locales, nacionales y extranjeras y en los mejores momentos se exporto más de 10 millones de dólares en productos pesqueros por año.

Incluso en 2004 se llegó a exportar casi un millón de dólares solo en perlas rosadas del caracol pala; solo por hablar de lo que salió legalmente desde Colombia al exterior, sin contar los miles de toneladas que salieron ilegalmente o desde otros puertos. Sin embargo, en el contexto de esa gran riqueza, la pesca en este Departamento fue por décadas una explotación tremendamente desmesurada y lamentablemente poco documentada para la historia.

Al margen de esto, lo cierto es que, en el pasado y ahora, la pesca hace parte esencial de la cultura raizal como es apenas lógico para un pueblo tan estrechamente relacionado con su mar y los habitantes de estas Islas (raizales y no raizales) siempre dependerán del mar como fuente de alimento, lo que convierte al mar en parte fundamental de su seguridad alimentaria.

Pero aun reconociendo su importancia y todo su peso histórico y cultural creo que el futuro de la pesca es pescar cada vez menos e incluso no pescar. Y ese futuro, como lo veo, tiene dos caminos para llegar a él, uno en el que transitamos actualmente a trastabillazos o uno en el que podemos romper paradigmas, innovar y convertir un tremendo obstáculo en una oportunidad de desarrollo.

El primer camino es el que venimos recorriendo, con un agravante, pues a parte de ser un camino tortuoso vamos con los ojos vendados, plasmando en planes de desarrollo y proyectos locales y nacionales, gobierno tras gobierno la “gran explotación” de unos recursos que simplemente ya no son lo que fueron. Y es que esta no es una situación local, es un problema globalizado, pues casi la totalidad de las pesquerías en el mundo están colapsando o ya han colapsado.

La verdad, por más dura que sea, es que la pesca en el Departamento ya no es ni será (en las actuales dinámicas) una actividad económica principal, aunque claramente si una actividad económica tremendamente importante desde el enfoque cultural y de seguridad alimentaria.

Adicionalmente, existen presiones y preocupaciones globales que hacen aún más difícil el futuro de nuestra pesca en la forma como la venimos planteando y manejando, una pesca que incluye más de 100 especies de peces, así como varias especies de moluscos y crustáceos en ecosistemas sumamente frágiles y complejos, lo que plantea un dilema ético y un reto para una Reserva de Biosfera en un mundo donde hoy la ONU alerta la existencia de un millón de especies en peligro de extinción; un mundo que enfrenta quizás la mayor amenaza en su historia debida al cambio climático, fenómeno que demás conlleva riesgos de acidificación y calentamiento que presionan aún más la capacidad de estos ecosistemas para resistir otras presiones y su eventual recuperación.

Pero además existen presiones locales, dentro de las que se destacan la contaminación local que realizamos con aguas residuales, hidrocarburos y residuos sólidos que también presionan la pesquería local al afectar duramente los ecosistemas y la pesca con arpón, práctica que debe ser ya eliminada de forma definitiva, en todas sus formas en este Archipiélago.

El futuro de la pesca es entonces preocupante y no se resolverán o mitigarán los efectos de su difícil panorama como actividad económica si ni siquiera empezamos hoy por reconocer y actuar en concordancia con esta situación.

Hoy pienso que debe ser prioridad las inversiones en investigación en acuicultura, pero investigación científica rigurosa en acuicultura y maricultura que nos pueda plantear alternativas para el cada vez más profundo vacío en la canasta de alimentos y en las economías familiares de nuestra población que deja las ausencias crecientes de pesca.

Las inversiones no deben dirigirse a terminar de vaciar la alacena sino en intentar llenarla de nuevo con un adecuado apoyo financiero al sistema de Áreas Marinas Protegidas (con las modificaciones que sean necesarias) que lleve a la recuperación de algunas zonas que sirvan de spillover para otras zonas donde si se permita la pesca.

De seguir como vamos, no tardaremos más de una década en definitivamente pasar las actividades pesqueras de la Secretaría de Agricultura y Pesca a la Secretaría de Cultura, donde nunca esta actividad dejará de ser importante, pues no habrá manera que la pesca tenga algún significado económico y de seguridad alimentaria en el futuro si no cambiamos hoy las prioridades de inversión para el sector y dejamos que nuestra pesca entre en la ya triste y colosal estadística mundial de pesquerías colapsadas.

Twitter: @faber_gonzalez


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