Envase para la vida

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FABER.GONZALEZLa Unión Europea se ha puesto como meta el 2021 (en menos de dos años) la prohibición de los plásticos de un solo uso: como platos, vasos, cubiertas, pitillos, copitos, entre otros; y la justificación dada por el parlamento europeo debería retumbar de manera ensordecedora hasta este rincón del planeta: “Más del 80% de la basura marina son plásticos”.

La pregunta entonces es, ¿y nosotros cómo estamos?

Y no es una pregunta cualquiera, como sea que somos poseedores de la ‘bobadita’ de 180 mil kilómetros cuadrados de una de las zonas más biodiversas del océano y estamos produciendo, nosotros solitos, en una Reserva de Biosfera, según habitantes y visitantes un estimado de 2 millones 600 mil kilogramos de plásticos cada año.

Además estamos produciendo un aproximado de 32 millones de bolsas plásticas por año (cálculos basados en producción promedio mundial y en Colombia por persona por año). La totalidad de estos residuos, en el mejor de los casos, termina siendo arrojada como desechos comunes en una auténtica montaña de basura a la que llamamos irónicamente ‘Magic Garden’, aunque –innegablemente– algunos de éstos terminarán en nuestro mar.

Pero no son solo los plásticos, la producción de enormes cantidades de residuos sólidos que nos desbordan, son uno de los problemas ambientales de mayor impacto en la sociedad insular desde hace ya muchos años atrás, y aunque hay que reconocer que se hacen esfuerzos desde varios frentes institucionales, la problemática parece estar lejos de una solución pronta.

Creo que, en parte, la mora en la solución del problema ha consistido en no considerar en las soluciones un enfoque integral que permita no solo enfrentar los síntomas de la enfermedad sino la enfermedad misma (mal control y manejo de los residuos sólidos), además de integrar los esfuerzos institucionales más allá de las contingencias y considerar la enorme diferencia entre nosotros y cualquier otra ciudad en continente.

En palabras concretas, creo que estamos en mora de la generación de una Política pública de control y manejo de residuos sólidos y existe toda la justificación para que dicho mecanismo pueda convertir este enorme problema en una oportunidad inmejorable de implementar el espíritu fundamental de la Reserva de Biosfera y es el de la innovación social que permita nuestro desarrollo sostenible.

Atacar el problema solo cuando el envase ya es residuo, es decir en la disposición final: quemar, reciclar, disponer en vertedero nos llevará a la instalación de más plantas incineradoras (¡calculen!), destinar o generar más zonas de acopio de material reciclable y mayor extensión del vertedero, por lo tanto, una PP (Política Pública) que trate este problema más allá de los síntomas evidentes, nos permitirá dar un primer gran paso en el sentido correcto.

Dentro de los elementos a considerar en esta, por ahora hipotética, PP, sugeriría:

Responsabilidad extendida de los productores de envases ya reglamentada en la Ley colombiana, con un aumento significativo en las metas de aprovechamiento.

- Programa especial de control de envases de un solo uso que incluya elementos de prohibición de entrada y restricción de uso a nivel local, ampliados a los ya existentes en normatividad nacional y local, justificados en los altos costos ambientales y sociales de disposición final local.

- Esquema de desincentivo de envases de un solo uso (no incluidos en prohibición) vía impuestos de entrada, , que sirvan de incentivo al uso de retornables y sustitutos ecológicos.

- Integración y convergencia institucional.

- Inventivos y promoción a las alternativas ecológicas de envasado y empaque.

- Fuerte componente educativo al consumidor para la toma de decisiones responsables ambientalmente y separación en la fuente.

- Programa de reciclaje que involucre subprocesos integrados, incluyendo especialmente la optimización y articulación de los esquemas de recolección.

Por su puesto no son todos los elementos y quizás en todos no estemos de acuerdo, pero lo importante y la reflexión que quisiera transmitir es que tenemos que proponernos retos grandes como sociedad, pues tenemos problemas igualmente grandes por resolver y debemos tener la determinación y coraje de virar con fuerza esta nave en forma de caballito de mar hacia el proyecto político más importante que nos hemos propuesto después del Puerto Libre al declararnos Reserva de Biosfera.

Nuestro archipiélago requiere que traduzcamos a acciones colectivas y mayor liderazgo institucional el norte que nos trazamos de desarrollarnos de manera sostenible y conservar este territorio como envase para la vida.


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