Cuatro capitales: usted es más que la plata que tiene

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EDNA.RUEDEA2Pierre Bourdieu, sociólogo francés del siglo XX, definió cuatro capitales, entendidos como un conjunto de los recursos actuales o potenciales. Es decir, usted no es solo la plata que tiene. El más obvio de los capitales es sin duda el económico, como los otros tres es medible, intercambiable y acumulable. Básicamente es lo que llena de ceros a la derecha.

El segundo capital toma varios nombres de acuerdo a la interpretación de quien traduce: es llamado el capital cultural, escolar, académico, y en síntesis es lo que usted sabe, de manera empírica o formal, su capital intelectual que lo acompaña y lo define.

El tercer capital es el social: las relaciones que usted ha establecido con otros, desde la sección de recomendaciones en su hoja de vida, hasta la palanca y el favor: sus amigos y sus enemigos.

El cuarto es una sumatoria, si se puede llamar así, de todos los capitales: el capital simbólico es su fama, su reconocimiento comunitario, lo que lo precede y habla de lo que usted ha hecho, o de lo que ha dejado de hacer, de cualidades como lealtad, paciencia y honestidad, o por el contrario de la desconfianza que su nombre inspire.

Para Bourdieu, el agente (que es como él llama al individuo social), se mueve entre la adquisición de estos distintos capitales, mejorando oscilatoriamente su condición económica, su nivel académico, sus relaciones interpersonales o su reputación; reconoce que el hombre tiende a buscar a su acumulación y que al mismo tiempo los entiende como intercambiables para conseguir ascenso social.

Cuando se acercan las elecciones y tiene uno que pasar sus expectativas por los filtros de la razón, sirve ver ¿Cuáles son los capitales de los candidatos? ¿Cuál es su moneda de cambio? y ¿Cómo aspira a mejorar su condición personal con la experiencia del Poder?.

Nuestra historia reciente dio a capitales económico, social y simbólico valores muy superiores al académico, nuestras discusiones se diluyen entre lo que se sabe y lo que se cree que se sabe sobre los aspirantes a funcionarios públicos y mucho menos sobre lo que ellos saben: vivimos en un continente donde la formación académica precaria no limita a un candidato para alcanzar posiciones muy elevadas.

Nadie desconoce que estos tres capitales merecen atención y valía, pero podemos entender que la forma más sana y pacífica para provocar un ascenso social y económico debería reposar en la intelectualidad, la función del estado entonces es proveer herramientas para este proceso, y esto solo surgirá de gobernantes que le den valor a su academia.


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Última actualización ( Sábado, 20 de Abril de 2019 11:53 )