"No dejar a nadie atrás"

Imprimir

OSWALDO.SANCHEZ“Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), son un conjunto de 17 objetivos y 169 metas destinadas a resolver los problemas sociales, económicos y ambientales que aquejan al mundo, cubriendo los próximos 15 años (2015-2030)”. El ODS 6 a la letra dice: Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.

Como Colombia va rezagada en el cumplimiento de este objetivo, dice la Procuraduría que “se requiere mayor control a los diferentes esquemas de prestación de los servicios públicos de agua, alcantarillado y aseo, porque existen grandes dificultades para asegurar su sostenibilidad y calidad en el largo plazo”.

Garantizar el agua potable a toda la población es problema de carácter global; por ello, la Asamblea General de la ONU designó el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua, buscando “llamar la atención sobre la importancia del agua dulce y la defensa de la gestión sostenible de los recursos de agua dulce”.

Nos recuerda incansable la ONU que “El agua propicia el bienestar de la población y el crecimiento inclusivo, y tiene un impacto positivo en la vida de miles de millones de personas, al incidir en cuestiones que afectan a la seguridad alimentaria y energética, a la salud humana y al medio ambiente”.

Consecuente con ello, el tema de este año es: ‘No dejar a nadie atrás’, que no significa otra cosa que no dejar a nadie sin garantizarle el acceso a este líquido vital. En Colombia, esto del agua para todos es solo una frase, así las palabras de los responsables afirmen otras cosas o pinten otros paisajes.

Ello explica por qué el Procurador Delegado para la Vigilancia Preventiva de la Función Pública, Leandro Ramos, sentenció al cierre del Congreso de Seguridad Hídrica y Economía Circular: “hemos pasado en la Procuraduría, conjuntamente con nuestra Delegada de Asuntos Ambientales, de un control de legalidad a uno racional, es decir, a la verificación del cumplimiento integral y soportado en evidencias de los objetivos de desarrollo sostenible del país; sin aceptar rivalidades o desarticulaciones institucionales”.

Reconociendo que el gobierno tiene muchos problemas para hacer cumplir las normas, planes y políticas, pide a ciudadanos, academia, entidades y medios volverse “inspectores de vigilancia preventiva en la protección de ecosistemas y servicios públicos, y así apoyar a los organismos de control”.

En nuestro Departamento, como en el resto del país, la situación es delicada, especialmente desde el 2013 debido a disminución de lluvias, generando una mayor demanda y sobreexplotación de las fuentes tradicionales de agua.

La misma naturaleza parece ponerse del lado de los irracionales: uno de los seis Departamentos que en 2016 sufrió sequía extrema según el IDEAM, fue el de San Andrés y Providencia, por lo que la Gobernación se vio abocada a declarar la calamidad pública en abril de ese año.

Sin embargo, la Defensoría del Pueblo ya había advertido los problemas por la falta del líquido vital en la isla y pedido a la Gobernación que determinara la solución definitiva para el abastecimiento de agua.

¿Hubo lección aprendida? ¿Se tomaron medidas correctivas y preventivas? Nada. Las advertencias no son tomadas en serio y el fantasma de la penuria del agua no nos abandona como lo corrobora el Estudio nacional del Agua 2018, que afirma que San Andrés es uno de los 391 municipios susceptibles a desabastecimiento en el territorio Nacional. Es que la falta de educación, de civismo y hasta de instinto de conservación están a flor de piel llevándonos sin tregua a la debacle.

A pesar de que todas las señales gritan por la precaución, la prudencia y el manejo racional del agua, no hay evidencias claras que estemos caminando esas sendas. Más aún, informes sesgados como ese de que el tanque de Mission Hill aportaría 50 litros por segundo, parece que se quedará solo en 25… Cuando funcione.

A pesar de que se ha advertido de que la carga de agua está al límite y no alcanza para todos simultáneamente, entonces se hurga el cielo con edificios cada vez más altos y más numerosos con el cuento de que somos una región turística, pero sin control ni previsiones.

Es de no creer la inoperatividad de autoridades y Escuela en esto del manejo del agua. Pareciera que la legislación existente o no es eficaz o no hay quién la cumpla y la haga cumplir. Por otro lado, la Escuela, obligada como está a educar a sus niños en “La adquisición de una conciencia para la conservación, protección y mejoramiento del medio ambiente, (…) del uso racional de los recursos naturales, (…)”, parece que está fracasando en su intento.

El reloj del apocalipsis ecológico no se detiene. ¿No habrá alguien que intente algo efectivo?


Add this to your website