Educación inclusiva, equitativa y de calidad

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OSWALDO.SANCHEZ

Para Datexco, el_top ten de los principales problemas de Colombia ponen la calidad de la educación (41 %) y la cobertura de la educación (11, 6%) en el segundo y séptimo lugar respectivamente. De la opinión de nuestra comunidad no tenemos ninguna referencia a la vista, pero dadas ciertas situaciones, no parece que la Educación sea algo prioritario.

Sin embargo, pecando de ingenuos y por ser este un año electoral, se esperaría que la Educación fuera tema central en las agendas políticas de los candidatos a gobernador, alcalde, diputados y concejales. También, que la comunidad exigiera pronunciamientos al respecto pues no es posible que sigan haciendo carrera la mediocridad de las propuestas, la resignación y permisividad del elector y el escaso empuje de la academia al respecto.

“Estamos un poquito tristes”, fue la lastimera frase del honorable presidente de la Asamblea Departamental, al referirse al tema de los buses escolares aparcados en algún lugar “de cuyo nombre no quiero acordarme”. Si a ese “poquito” de tristeza suma el Diputado otros poquitos por la falta de una Educación inclusiva, equitativa y de calidad en el Departamento, su bulto de tristeza aumentaría. Y si a esa tristeza le sumamos la que debería sentir la comunidad toda, habría que conseguir 70 mil costales para arrastrar la tristeza y ponerla a los pies del Calvario, aprovechando que el Gran Sacrificio será recordado en su 2019 versión, dentro de contados días.

Para la UNESCO, “La educación inclusiva es una aproximación estratégica diseñada para facilitar el aprendizaje exitoso para todos los niño/as y jóvenes”. Aquí de lo que se trata no es de cómo se integran unos niños al sistema educativo, sino de reflexionar sobre “cómo transformar los sistemas educativos a fin de que respondan a la diversidad de los estudiantes”, sustentada en una premisa fundamental: la educación es un derecho, no un privilegio. Es que la educación inclusiva “tiene que ver con acceso, participación y aprendizaje exitoso en una educación de calidad para todos”.

Entonces los planes educativos de los candidatos deberían ser garantía para que todos los niños de nuestras islas accedan realmente a la cultura para que se realicen en la dirección de sus aspiraciones y proyectos de vida, y puedan desarrollar una vida social amable y generosa con los demás. Otra lanza clavada en el costado de esta sociedad es la inequidad educativa.

El sistema educativo colombiano es un sistema acumulativo, en el que, se supone, a más niveles escolares (años de escolaridad) más conocimientos, capacidades y competencias y más oportunidades laborales, sociales y de bienestar; pero esto no se cumple para la mayoría de nuestros niños de la Educación Pública.

Esta falacia debería aumentar un poquito más nuestra tristeza, pues es claro que existen diferencias significativas en la calidad de la educación entre planteles públicos y privados, entre hogares pobres y no pobres, lo que indica que la educación tiene una oferta diferencial asociada a lo social, cultural y económico.

Por su parte, el informe de Empresarios Por la Educación 2018, expone dramáticamente cómo las brechas en educación siguen en aumento entre colegios oficiales urbanos y rurales, entre los colegios oficiales urbanos y privados equivalentes a 30 puntos (más de un año de escolaridad).

La situación es tal que la entonces Ministra Yaneth Giha afirmaba: “Este es un desafío que tenemos”.

En el Departamento las cosas no son mejores. Según las Pruebas SABER 3°5°9°del año 2017, el porcentaje de estudiantes de acuerdo con el sector en que se ubican (urbano-rural) es bien diciente: en Matemática, Grado 9°, el 40% de las IE urbanas tienen unos resultados “deficientes”, pero para las rurales es del 52%. En Lenguaje: 15% y 30%, respectivamente. No olvidemos que el desempeño insuficiente cobija a los estudiantes que no superan las preguntas de menor complejidad en la prueba. En los otros Niveles (5° y 3°) la situación es igual de lesiva.

Finalmente, en cuanto a la calidad se refiere, siguen en aumento las brechas en educación entre colegios oficiales urbanos y rurales, aumentado 12 puntos entre 2006 y 2015, según el Informe citado.

La calidad educativa no puede seguir en “lista de espera”. Es menester establecer metas comunes, consensuadas y orientadas al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible ODS (2030), del cual Colombia es firmante, pero que no ha sido capaz de cumplir en ninguna de las etapas anteriores y parece que esta tampoco será diferente.

Para lograrlo se necesitan “políticas serias de formación de maestros para asumir los retos de un mundo dinámico y cambiante, promover en los jóvenes altas expectativas académicas, construir modelos educativos contextualizados y pertinentes y crear ambientes escolares amables y democráticos”, condiciones que los maestros ponen a prueba a diario.


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