Elefantes blancos: los ‘cachacos’ también desfalcan

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HAROL.BUSH2En ciertas entidades oficiales de Bogotá se perciben a las islas como uno de los sitios más corruptos del país. Pero esta indignante y vergonzosa posición no es sólo responsabilidad de funcionarios de las islas. Los de la capital deben aceptar y asumir las consecuencias por su gran cuota de incompetencia e insolvencia moral. Crece la lista de ‘elefantes blancos’.

Después del gigantesco incremento del presupuesto acordado en 2012 con motivo del fallo de La Haya no parecen haber mostrado el interés adecuado en cómo se gastaba el dinero, no exigieron que las entidades de control hicieran lo suyo correctamente y muchos contratos llegaron a las islas con ‘dueños’ asignados como parte de cuotas de contratación del nivel nacional.

Tal vez como señal de aceptación de responsabilidades de las entidades nacionales en la ola de corrupción y el bajo récord de soluciones reales y palpables a los problemas de las islas, ya sea por acción u omisión, el Gobierno Nacional se ha visto obligado a hacer severos ajustes en lo atinente a gastos y programas en las islas.

Pero ello debería ser un ejercicio esencial y obligatorio aprender de los errores del pasado, porque es escandalosa la dimensión del despilfarro frente a las necesidades por solucionar, teniendo la cuarta más alta inversión pública nacional por persona que supera hasta por seis veces lo que se gasta en otros lados.

En curso hay una auditoría al Plan Archipiélago y a otros programas para las islas, con cambios en la administración y enfoque de los mismos, incluidas cabezas que han rodado e investigaciones en curso de la Contraloría.

Ello terminará en que se liquide el esquema del actual Plan Archipiélago y se creará uno nuevo con una estructura ojalá manejada de manera más transparente y más propensa a rendir cuentas en relación al gasto y resultados y, ojalá, supervisada por isleños.

Este último punto cobra relevancia por presiones de profesionales locales en recuperar la iniciativa de señalar salidas a la crisis y en deshacerse del estigma de irregularidades que está afectando sus perspectivas laborales.

Por eso la, por ejemplo, decisión de la Occre de abrir el camino a que una persona de las islas sea el nuevo director del Banco de la República cobra significado.


Más eficiencia de lo 'nacional'

Los cambios se necesitan no solo en relación al gasto que poco soluciona y a la necesidad de mayor transparencia y escrutinio, sino por su tendencia a hacer promesas, generar expectativas y a crear ‘elefantes blancos’.

El Departamento de Planeación Nacional (DNP) confirmó esta semana inversiones por 3.3 billones pero aún no ha respondido inquietudes que automáticamente surgen… Por ejemplo si ya se han puesto en práctica mecanismos de control para asegurar que tanto dinero entregue una mejor vida a los isleños.

Es importante que se rompa el círculo vicioso de gastos excesivos con pocas soluciones y promesas vacías. Es hora de que importen más los resultados que los anuncios porque poca confianza hay en lo que se dice y los problemas se agravan.

Un incidente doméstico en Providencia con un carro-tanque recuerda la vaga e irresponsable promesa presidencial de proveer agua las 24 horas al día todos los días. Es muy cruel de parte de las autoridades generar expectativas que luego no se cumplen.

Los elefantes del circo

Aquí vale la pena recordar algo de la lista de esos elefantes blancos: el cable submarino perversamente inadecuado; la planta de incineración de residuos sólidos urbanos (RSU) que nunca funcionó; la abandonada sede de Coralina; el muelle de cruceros; el Spa; las casas no aptas para el clima local; el Tropical Park; el hipódromo; los mega-colegios; el alcantarillado de irregular funcionamiento; el muelle de Johnny Cay; la remodelación del Sunrise Park y sigue la lista...

Pese a todo ello, las entidades nacionales involucradas en estos proyectos de una u otra manera han logrado salir relativamente sin rasguños. No han tenido la atención que los entes de control le han dedicado a la Gobernación o la Alcaldía, que en todo caso no ha sido muy rigurosa.

Procuraduría y Contraloría parecen nunca tocar por ejemplo a Findeter, Fontur, Invías, Presidencia o Cancillería que ejecutan o manejan un alto porcentaje de la inversión. Pero es tiempo de que ellos también respondan y esperamos que la revisión al Plan Archipiélago y otros esquemas los toque de verdad y fondo también.

¿Qué esperar del Plan Archipiélago II?

En el contexto de todo lo anterior se deberían tener en cuenta varias cosas:

En primer lugar, total transparencia, poner fin al manejo oscuro, no dejar que los políticos decidan sino la comunidad, y concentrarse en acciones basadas en objetivos concretos de soluciones.

Valdría la pena recuperar obras ya hechas y no enfocarse en nuevas a menos que sean absolutamente necesarias, como también concentrarse menos en construir y más en adelantar programas de desarrollo social y económico.

Esto se puede hacer a través del impulso a cooperativas, pequeñas industrias caseras y artesanales, incentivo a empresas para la generación de empleos como, por ejemplo, otorgar subsidios a los que contratan a jóvenes, un sector de muy alto desempleo.


Las imperfecciones e insuficiencias del Plan Archipiélago  han contribuido a la crisis de las islas y de perder esta nueva oportunidad la Nación misma las pondría en un ciclo aún más caótico y desesperanzador.


Es absolutamente necesario que se tenga en cuenta que la Nación aún tiene una enorme deuda con las islas.


Y la crisis misma, al igual que la revisión de acciones gubernamentales, proveen una oportunidad para mejorar las políticas, guiar mejor los gastos y otorgar mayor atención y tratamiento a las necesidades isleñas. Esta es una segunda oportunidad que no se puede desperdiciar.

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EL ISLEÑO no se hace responsable por los conceptos emitidos en esta columna de opinión, los cuales no comprometen su pensamiento ni su postura editorial.


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Última actualización ( Domingo, 17 de Marzo de 2019 06:21 )