Proyecto de Fort Warwick viola derechos étnicos

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Y, desde luego, cambiará totalmente su aspecto físico y el de toda el área, a la vez que generará un fuerte impacto en sus vidas con desplazamientos forzosos y la destrucción de casas muy antiguas y tala de árboles y manglares.

La decisión sin consulta y el proyecto mismo violan normas de protección étnicas ordenadas por la Corte Constitucional específicas para las islas y comunidades afrodescendientes del país, en particular las de asegurar su entorno y permanencia en su territorio, y su integridad étnica, identidad, cultura, desarrollo y supervivencia. 

La Corte reitera, a través de las decisiones sobre el Spa y el teatro Midnight Dream, que la consulta previa es un derecho ‘fundamental e irrenunciable’ de la comunidad étnica de las islas, que debe además disfrutar de autonomía para tomar decisiones que afectan sus vidas, sus sitios patrimoniales y su territorio étnico. 

Para los isleños Fort Warwick es un sitio semi-sagrado, de enorme valor por ser un espacio asociado a su cultura, patrimonio e identidad étnica forjada por 400 años, y donde algunos de sus antepasados reposan, algo sacrosanto que las normas legales y constitucionales también protegen.

Miembros de la comunidad han manifestado que no permitirán ser desplazados de un área donde sus familias llevan más de 200 años asentadas y reposan sus antepasados. 

El plan contempla desplazamientos para instalar casetas de cobro, una cafetería y un museo cuyo contenido es incierto porque de lo más valioso del Fuerte que podría ser candidato a ser allí depositado, los restos del corsario francés Luís Aury y sus espadas (que el gobierno francés quería asegurar pero no dejaron), han sido robados. 

La reacción indiferente a dicho crimen contra un bien de interés cultural nacional y los restos de un héroe naval de la independencia de Colombia, más el lamentable récord de restauración del importantísimo Lover’s Lane que se ha caído ante la indiferencia oficial, no augura bien para la conservación adecuada de lo que planea hacer del Fuerte y la seguridad de visitantes.

Una comunidad ignorada, grandes impactos 

En dos reuniones en enero no se han entregado detalles del proyecto, lo cual debería haberse hecho según las normas de consulta y consentimiento previo, que incluyen asegurar que la comunidad tenga información clara y precisa de los impactos en sus vidas y las alteraciones que afectarían el valioso significado patrimonial y apreciación histórica y estética que otorgan al Fuerte, parte esencial de su universo étnico asociado a su legado anglo y afro caribeño. 

Pero poco a poco la comunidad de Santa Catalina se está dando cuenta de manera extraoficial y el descontento aumenta.

Es difícil ver cómo sus casi 200 residentes aceptarían un incentivo a que lleguen diariamente 200 visitantes (o hasta 2000 como anticipó el diseñador del proyecto), por el daño que causaría a la isla y el impacto en sus vidas. En temporada alta visitan en promedio diario 34 turistas, una cifra manejable.

Una consulta también sería lo adecuado por el inmenso valor histórico de Fort Warwick en el proceso de la colonización Europea del Caribe, en la lucha emancipadora de Colombia y haber asegurado el archipiélago para el país. En él se izó por primera vez la bandera de Colombia en 1822.

Hay gran preocupación por daños o cambios al Fuerte. La instalación de estructuras artificiales como plataformas de observación (de plástico, por encina y colgando de los bordes) son muy ajenas al entorno histórico y natural del lugar, para maximizar y exagerar un legado histórico y patrimonial para beneficio del turismo y no de la comunidad misma. 

Convertir un sitio con una historia de 400 años en un centro de atracción y ‘ponerla en escena’ como un ‘parque cultural’ es incompatible con su valor patrimonial e histórico y constituye una burla a derechos étnicos sobre un sitio considerado como el patrimonio tangible más importante, y además como camposanto por cuanto muchos personajes históricos que han marcado la historia de las islas aún están allí enterrados, de quiénes algunos miembros étnicos actuales descendemos.

 

De lo que no hay duda es de la necesidad de una restauración, para asegurar su estabilidad, pero debe hacerse con estricta supervisión de expertos en arqueología orientados por Patrimonio Nacional y no por un ingeniero contratista, ni convertirlo en un parque de atracciones.

 

Máxime por cuanto su significado reside no solo en su valor patrimonial étnico isleño y en su arquitectura militar, sino en su valor histórico por los diversos estratos y episodios históricos que esconde.

 

De allí que la fuente de mayor inquietud entre los expertos es la evidente desproporción entre los inmensos valores patrimoniales, ambientales históricos y de identidad, más su entorno natural, y la propuesta de intervención o conversión en un proyecto cultural frívolo.

Equivocaciones gubernamentales

 

El oficialismo no tuvo en cuenta normas específicas que apuntan a la autonomía de la población anglo-creole y afrodescendiente en decidir sobre cualquier intromisión en su entorno que pudiera afectar su preservación, supervivencia o su espacio vital y su protección ambiental.

 

Se ignoran además tendencias recientes de una revalorización y apropiación simbólica étnica del territorio en las islas que lleva a las entidades a una examen riguroso y a buscar consentimiento étnico.

Dicha revalorización del espacio es esencial para atender la amenazada supervivencia étnica, porque los espacios afirman y entrelazan identidades, pertenencias y arraigo étnico y Fort Warwick, más que otro sitio, lo confirma con el grupo étnico original de las islas. 

Existe un nexo histórico y patrimonial y un valor histórico que fue totalmente ignorado por el Ministerio del Interior al certificar que no hay necesidad de una consulta previa

Fort Warwick no es un proyecto cultural. Es una reliquia histórica de inmenso valor patrimonial e histórico que ayuda a consolidar identidad, historia y proyección hacia el futuro. No debería ser un show para visitantes sino restaurado adecuadamente para bien de los isleños y la comunidad étnica.

Cuatrocientos años de historia quedarían sumergidas y supeditadas a una programa trivial digno de Disneyland, deshonrado el inmenso valor histórico del lugar con un vulgar e insustancial proyecto.

Los argumentos ministeriales de que el proyecto no afecta intereses étnicos, no alterará el estatus de personas o de la comunidad étnica allí asentada y de que responde a un tema de recuperación de la tradición cultural son completamente incorrectos.

Todo por los argumentos legales y técnicos arriba expuestos y por la pretensión de forzar a miembros de la comunidad étnica a abandonar su tierra ancestral, tumbar casas de patrimonio de arquitectura vernácula caribeña de hasta 200 años y por la tala de árboles.

Lo que se piensa hacer no es una recuperación de una tradición patrimonial o cultural, sino un atropello de derechos humanos étnicos con la creación de un programa cultural alrededor de la figura de piratas para atraer a turistas.

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EL ISLEÑO no se hace responsable por los conceptos emitidos en esta columna de opinión, los cuales no comprometen su pensamiento ni su postura editorial.

 


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Última actualización ( Domingo, 17 de Febrero de 2019 13:56 )