M. V. P.

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OSWALDO.SANCHEZReconocer no solo los derechos de las mujeres sino su valioso aporte al progreso de la humanidad, como se ha venido haciendo desde el 28 de febrero de 1909 cuando el Partido Socialista norteamericano conmemoró en ese país el primer Día Nacional de la Mujer, es un acto de justicia y de orgullo.

El 8 de marzo de 1975 la ONU celebró el Día Internacional de la Mujer por primera vez, como tributo a la Mujer corriente, agente activa en la construcción de la Historia de su país, de su terruño y de la humanidad.

Contribución de la mujer desde tiempos muy lejanos, si pensamos en Rut, la moabita, la que le dijo a su suegra Noemí: "a donde tú vayas, iré yo" y su significado para el cristianismo; o en la legendaria Hipatia de Alejandría y su influencia en el pensamiento matemático; o en Lisístrata, la que pensaba que “la salvación de Grecia entera estriba en las mujeres” y obligó a atenienses y espartanos a firmar la paz en su presencia.

Pero a pesar de esfuerzos de gobiernos y ONGs las cosas no son nada fáciles para las mujeres en la actualidad: 73 millones de niñas no asisten a la Escuela y unas 583 millones son analfabetas y casi la mitad en países en desarrollo se habrán casado antes de los 20 años de edad.

Y si de violencia se trata, los informes son escalofriantes y nuestro país (ese que busca “una paz estable y duradera” dando palos de ciego) no escapa a ello. En el documento “La guerra inscrita en el cuerpo”, del Centro Nacional de Memoria Histórica,se lee que “La violencia sexual se ha constituido en una modalidad de violencia que cumple distintos fines de acuerdo con los objetivos de los actores armados y de los distintos momentos de confrontación, pero con el común denominador de estar sustentada en arreglos de género que privilegian la construcción de masculinidades despóticas y perpetúan la objetivación de los cuerpos femeninos”.

Con un agravante: “El silencio es lo usual, ¡cómo no! Si aunque se denuncien, los culpables logran impunidad”, afirma categórica María Clara Ospina.

Y estos abusos no son solo en los campos de batalla o en las parcelas; también se da en palaciegos entornos si no que lo diga Raj Nair, el presidente de la Ford para Norteamérica; o Barnaby Joyce, viceprimer ministro deAustralia; o Justin Forsyth, número dos de Unicefpor “conducta inapropiada hacia mujeres”, como eufemísticamente dicen sus superiores. Por su parte, Danielle Spencer, consejera de una ONG, denunció a funcionarios de la ONU que retenían ayuda humanitaria a cambio de sexo con mujeres sirias.

En otros campos las cosas no son mejores: dice la OIT que pasarán 70 años para igualar el salario del hombre y la mujer por el mismo trabajo; la “ley de cuotas” que obliga a las administraciones a nombrar por lo menos el 30% de mujeres en nóminas directivas o listas para elecciones no se cumple; en lo familiar, las mujeres dedican más del doble del tiempo que los hombres a labores del hogar, así tengan trabajo. Y hasta la academia, es mezquina en reconocer el aporte de la mujer, como denuncia la periodista gallega, Tereixa Constenla.

Y en este territorio insular las cosas no son mejores que en otras regiones nacionales, como que San Andrés ocupa el segundo lugar en el ranking de la violencia contra la mujer, según lo recordaba el periodista César Pizarro, y “Aunque este dato, lo conocen hasta niños de primaria, todavía no se observa en la isla una reacción emocional fuerte frente a esta situación”, remata el comunicador. La Isla, nuestra isla, que alguna vez Cristina Bendek llamó: “La isla donde no se puede parir en paz”, tampoco es un paraíso para las mujeres. Pareciera que vivimos en “un país que no es para ellas”.

Hay que insistir, todo es cuestión de “no dar el paso al costado”, como recomienda Sandra Salamanca, la única mujer árbitro en el rentado nacional de fútbol femenino. Este esfuerzo y tesón no pasa desapercibido, pues siempre habrá el hijo, el esposo que como Kevin Wayne Durant, el legendario 35 de los Oklahoma City Thunder, “cada vez que enseña sus virtudes y es elogiado, mira a su madre Wanda, la verdadera MVP” (Most Valuable Player)

Además, si la Escuela hace su papel misional redentor que le corresponde, las cosas tienen qué mejorar, pues "No hay fuerza más poderosa para transformar realidades que la educación (…)", como afirmó la Ministra de Educación en el foro: 'Mujeres hablemos de paz'.

Reconozcamos, como lo hace Pizarro, que “Tenemos una responsabilidad moral con nuestras abuelas, nuestras madres, nuestras hermanas y nuestras hijas, con las que estuvieron y ya no están, con las que no están y pronto estarán”.

¡Feliz día!


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