Job Saas, vida y obra de un legendario juglar isleño

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Su corazón late con rapidez, respira, sube las escaleras, llega a la tarima y enfrenta con firmeza a las más de cien mil personas que asistieron a la celebración de los 20 años de Rock al Parque. Era un 17 de agosto y el reloj marcaba las 4:10 de la tarde cuando Job Saas, junto con su grupo The Heart Beat sintieron la buena vibra y la explosión de sentimientos que ofrecía su público.

Con esta mezcla de sensaciones Job Saas aterriza en su escenario, coge el micrófono y hace una de las cosas que más sabe hacer: cantar música reggae. En compañía de ritmos prominentes del bajo, el piano, la batería y la guitarra se balancea de un lado para el otro, se inclina hacia atrás y hacia adelante. Con pasos de rock, característicos del reggae, hace movimientos lentos, da vueltas ligeras con los puños, lleva las manos hacia adelante y mueve sus hombros al son de la música.

En sus presentaciones todavía perdura las tradiciones de la concha de caracol, una costumbre que viene desde sus antepasados, quienes ante la falta de teléfonos y estaciones de radio vieron en esta coraza de moluscos la posibilidad de comunicarse. Cerca de aguas cristalinas, arenas suaves y vientos feroces se escuchaba el sonido de alerta de los caracoles que avisaban la llegada de los barcos y las canoas llenas de pescado. Hoy, Job Saas utiliza las melodías armoniosas de la concha de caracol, no para dar una advertencia, sino para transmitir amor y paz a través de su música.

Este legendario artista nació en San Andrés el 16 de octubre de 1962, entre la comunidad de Ocassion Call. Se crió en Sound Bay, sector de San Luis, donde paso una infancia llena de juegos antiguos como el trompo, el carro de palma de coco y la guitarra de lata de sardina. “Con mis amigos íbamos a rebuscarnos recogiendo coco para vender y comprar lo que hoy en día llaman mecato. Recogíamos los cocos caídos de los terrenos de los agricultores y algunos de ellos nos perseguían y nos asustaban”. Al recordar esos tiempos lejanos, pero regocijantes, dice con felicidad: “Era una época muy sana y sin preocupación”. Saas es hijo de Silvia Taytos, ama de casa, y Julio Barrios, carpintero.

¿Por qué decidió ser cantante de reggae?

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La música me eligió, yo no elegí a la música, y así es como me convierto en un cantante de reggae. Es algo que siento, amo y viene de una mística natural. Desde el corazón pienso que es aquello que nace en la sangre y proviene de la naturaleza.

Tiene 58 años. Sus ojos son caídos y negros como la noche. De labios gruesos, piel oscura, nariz ancha y larga, característico de los afrocaribeños, descendientes de africanos que lucharon contra la esclavitud durante la colonia española. Detrás de su mirada expresiva se encuentra el significado del empoderamiento raizal y la protesta social. Con su sombrero rastafari de colores verde, amarillo y rojo personifica el espíritu jamaiquino. Tiene cejas arqueadas poco pobladas y barba negra y blanca que exhiben el pasar de los años. Cuando sonríe, sus mejillas se ensanchan, mostrando su lado más amable y risueño. “Es positivo, un luchador, una persona alegre y tranquila” dice Kissy Barrios Robinson, su única hija.

Su constitución atlética, brazos largos y manos grandes y callosas revelan la comunicación misteriosa que tiene con la madre tierra, que se manifiesta a través de su pasión por los quehaceres cotidianos como la agricultura, actividad que sigue poniendo en práctica en Paradise Farm, una reserva natural heredada por sus ancestros. Entre plantas frutales como el aguacate, mangos, guanábana y cañafístula este hombre todoterreno descubre el balance entre la música y el campo. “En la naturaleza encuentro mucha paz y tranquilidad, inspiración, el sonido de las aves y los insectos”. De ahí su apodo ‘The Farmer Singer’. “Viene de las actividades que hago, me gusta sembrar y cultivar la tierra, es lo que combino en mi vida, la agricultura y la música”.

¿Qué significa la música para usted?

La música para mí es todo, es mi escape, mi libertad, mi paz, me ha hecho la persona que soy.

¿En quiénes se inspira para hacer música?

Mi mayor inspiración es la creación de Dios. En cuanto a músicos, admiro a Bob Marley, Buning Spear, Richie Spice, Taurus Ridley, entre otros.

Vive con su esposa, Judy Ward, con quien tuvo a su segundo hijo Ijahson Barrios. Cuando empezaron como novios y a vivir juntos, según cuenta, “fue aquí mismo en la finca donde estamos, hicimos una cocineta afuera y toda nuestra vida fue entorno a la tierra, el sembrado, la agricultura y la música”. Bella Amorosa (2015) es una canción que le dedicó Job Saas a esta mujer de las islas. La unión que se halla entre el reggae en español, las analogías con la creación del hombre según la biblia y paisajes hermosos de San Andrés hace que esta sea una de sus obras más escuchadas.

s reconocido por ser uno de los fundadores de la reconocida banda The Rebels H.B. (Home Boys), el primer grupo de reggae de Colombia. Otros pioneros fueron los nicaragüenses Hansel Morgan y Lannie Flowers, el costarricense Claudio Reeds y los sanandresanos Jaime Celis, Loyd Newball, Horacio Howard, Juanin Almonacid y Luis O’Neil.

Esta banda se instauró en 1982 en la Casa de la Cultura de San Andrés cuando se vivía el boom del reggae con Bob Marly y Peter Tosh, personajes icónicos que a través de versos hipnóticos y espirituales convirtieron la música en mensajes de libertad y justicia. Con una mezcla de ritmos musicales afro-caribeños y anglo-caribeños como el Mentó, Claypso, Soca, Kompa y Zouk esta banda recordaba por medio de sus canciones el fuerte legado que dejaron los puritanos ingleses, los invasores españoles y los africanos en la conformación de la identidad folclórica que aún perdura en la isla.

¿Considera que el reggae es sólo Bob Marley?

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Reggae no es sólo Bob Marley, el reggae es un universo, es para todos. Es el mundo entero porque todas las naciones, todos los países, todas las ciudades aman la música reggae. Mientras la sientes, mientras la amas, es tuya.

El cantante providenciano y creador de Fire Band, Joe Taylor, un interesante grupo con la fusión de raíces de reggae, dancehall e instrumentos típicos de San Andrés, dice que para saber sobre el reggae sanandresano se debe dialogar necesariamente con el activista social y reconocido artista, Job Saas. “Cuando se va hablar de estos temas es necesario consultar con personas como él, que conocen el pensamiento jamaiquino, su revolución, creencia y los cambios que ha tenido este género en las islas”.

En San Andrés es indudable el respeto que se tiene por este pionero de la música reggae en Colombia, icono de la cultura isleña que inició su vida musical en el primer Festival Bill and Mary en 1982, un evento que sigue desvelando el potencial creativo de artistas locales. “Life never be another jail”, dice la canción She’s gone de Bob Marly, la primera que cantó en este gran evento. “Sentí mucha emoción y alegría de ver la aceptación de los jóvenes en ese tiempo”, asegura.

La música que más le gusta a su hija Kissy es Beutiful San Andrés, “es como un himno y la forma como él lo canta, con amor a su isla, logra transmitirlo a los demás”. Esta canción que habla de la belleza natural de San Andrés, su cautivadora gente y la melancolía de partir y dejar este paraíso terrenal fue compuesta por María Cecilia Francis Hall ‘Miss Chiqui’, reconocida como una gran gestora cultural en la isla.

En compañía de ritmos como el calypso, originario del afro-caribe insular, específicamente en la isla de Trinidad, este artista raizal graba por segunda vez Beautiful San Andrés en el año 2012. Con un sombrero borsalino negro, una camisa blanca y cómoda y una cadena que contiene los colores distintivos del movimiento rastafari, revela el esplendor de la naturaleza de Etiopía, la riqueza de sus tierras y la sangre derramada por sus ancestros africanos. Después de esta manifestación pronuncia las palabras ilustres y representativas de la canción: “Take me back to my San Andrés”, momento en el que los ritmos se vuelven más rápidos, el sonido de la batería empieza a resonar más fuerte y Job Sass empieza a mover las piernas y sus hombros bruscamente de derecha a izquierda, mientras levanta sus brazos. La primera cinta de Beautiful San Andrés la realizó con el legendario grupo The Rebels. “Para mantenerla en el tiempo, en una nueva versión fresca, decidimos grabarla en un estilo reggae”.

Su actual banda Job Saas &The Heart Beat nació un tiempo después de haber terminado con los grupos Roots and Culture y RootsProphecy. “Aquí es cuando aprendí y me enseñaron a encontrar mi identidad. Me expresaba tal como lo hago ahora con mi propia música. Era la forma como quería enfocarme”. La banda está conformada por Elario Faiquare ‘Ninjah’ (bajo), Denison Mitchell (piano), Robert Kelly ‘Raby’ (batería) y Carlos Rodríguez (guitarra).

Con Job Saas &The Heart Beat participó en varios eventos del Green Moon Festival en San Andrés. Para el músico “las primeras versiones fueron las mejores”. Estas fiestas que ya llevan más de 30 años se constituyen como un encuentro entre artistas locales, nacionales e internacionales que por medio de la música caribeña invitan a bailar al ritmo de la mazurca, waltz, schotis, quadrille, polea y pasillo, danzas nativas de la isla. Por su parte, el olor exquisito del pescado, el cangrejo y los mariscos incitan a probar las delicias que se hallan en comidas típicas isleñas. “Estos eventos son importantes porque se promociona la cultura, la música, la gastronomía y la isla en general”, asegura Saas.

¿Qué diferencia al reggae de San Andrés?

El reggae de San Andrés tiene un estilo que es evidente con la vibra y energía que tenemos. Es una mezcla de influencias que hemos vivido y que se ha formado en nuestra cultura.

Para Joe Taylor, cuando se discute sobre este género musical de la isla “no se habla de cualquier cosa, porque estamos hablando también del Caribe y de la influencia que esta tiene en nuestra región y en toda el área de las zonas que lo conforman en su totalidad, que es nuestra manera de pensar, en si nuestra esencia”. Alvestina Forbes, una de sus coristas, complementa que el reggae sanandresano se “caracteriza por la cultura, debido al lenguaje que se maneja y su vivencia que en la música es interpretada”

Su esposa, Judy Ward, dice que “su dedicación y pasión por la música, el respeto por la misma”, es lo que hace a esta “persona justa, honesta y un poco tímida”, un buen músico. Por su parte, Joe Taylor ve su calidad profesional como una institución, “es como cuando vamos a construir una casa, antes de montar las paredes es necesario construir primero las columnas”. Mientras, para su hija Kissy, la grandeza musical de su padre se “demuestra con su estilo de vida y también cuando trata de que las personas que lo rodean amen la cultura”.

Job Saas al ser una figura de la cultura isleña se siente con la obligación de defender al máximo su cultura y música raizal caribeña. “Debo seguir el legado, seguir creando buena música y mantener la credibilidad del arte”.

Hoy, como todos los días, se levanta a atender la finca, agarra su pico, inclina el suelo para sembrar unas semillas y agradece a Dios por los alimentos orgánicos que produce su santa tierra. En su trono de meditación, como llama a su lugar de relajamiento y de encuentro con la mística naturaleza y su proveedor ‘Jah’ piensa en ser recordado “como un hijo de estas tierras que se preocupó y luchó por las raíces y las tradiciones del pueblo isleño”.

Última actualización ( Lunes, 11 de Enero de 2021 15:24 )