
Regresé a la isla devastado, exhausto por todo lo apreciado y aprendido, pero con ganas de seguir en la ruta con mi mochila al hombro como un caracol ermitaño, desplazándome en busca del sueño literario y musical del Caribe colombiano. El equipaje y su carga fue emocional: abrazos, apuntes, canciones, libros, miradas, rostros, sabores, voces que se impregnaron en mi mente y en la piel.


























