
El anuncio del presidente Abelardo De la Espriella de cerrar 14 embajadas colombianas, entre ellas las de Nicaragua y Barbados, ha generado especial preocupación en el Archipiélago. Para San Andrés, Providencia y Santa Catalina no se trata de una decisión distante ni meramente administrativa: son dos escenarios del Caribe estrechamente vinculados con nuestra realidad histórica, geográfica y cultural.
En el caso de Nicaragua, la preocupación es quizás mayor. Alejar los canales diplomáticos con Managua significa cerrar puertas justamente cuando más se necesitan abiertas. La sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 2023 insistió en la necesidad de que ambos países dialoguen sobre asuntos pendientes, incluidos los derechos tradicionales de pesca y la protección de los ecosistemas del Caribe.
Para el pueblo raizal, esta relación no puede mirarse únicamente desde los mapas ni desde las cancillerías. Hay familias, historias, rutas de navegación, prácticas pesqueras y vínculos culturales que anteceden a cualquier frontera política. Y está, también, la Reserva de Biósfera Seaflower: un patrimonio ambiental cuya protección exige cooperación regional y no el progresivo aislamiento de quienes comparten este mar.
Además, hablando de vidas humanas dicha embajada es un enlace vital que dejaría de existir cuando haya personas en riesgo de desaparecer por naufragios de botes pesqueros o de tráfico ilegal de migrantes de todas las edades, como sucede con cierta frecuencia.
Por eso resulta difícil comprender que Colombia considere prescindible su misión oficial en Managua. La diplomacia no existe solamente para los momentos de entendimiento; adquiere su genuino valor cuando las relaciones son difíciles. Romper puentes puede producir una satisfacción política inmediata, pero recuperar después los espacios de diálogo suele ser mucho más costoso.
Algo semejante ocurre con Barbados, aunque por razones diferentes. Colombia había reabierto allí su embajada en agosto de 2025, después de más de dos décadas, como parte de una estrategia de reposicionamiento en el Caribe. Y apenas un mes después se avanzaba en la negociación de un acuerdo de servicios aéreos destinado a fortalecer comercio, turismo, inversión y conectividad regional que hoy es una naciente realidad.
Para San Andrés, esa apuesta tiene un significado particular. Una mayor conexión con Barbados puede abrir oportunidades para convertir al Archipiélago en un punto estratégico de articulación con el Caribe insular. La propia Cancillería reconoce que la relación bilateral abarca comercio, turismo, cultura, seguridad y conectividad aérea. Desmontar ahora una misión recién fortalecida parece, cuando menos, contradictorio.
Desde aquí queremos formular, respetuosamente, una solicitud al Señor Presidente: antes de cerrar estas dos embajadas, mire hacia el Caribe y escuche al Archipiélago. No pedimos privilegios ni excepciones; solicitamos que se considere el costo territorial de una decisión nacional. Managua requiere puentes, Barbados ofrece oportunidades y San Andrés necesita que Colombia entienda que el Gran Caribe también es Colombia.





















