
El Instituto Geográfico Agustín Codazzi presentó hace algunos días en San Andrés la iniciativa ‘Expediciones IGAC’: un espacio digital que reúne la toponimia nativa del Archipiélago (y de otros lugares del país), donde los nombres geográficos se convierten en raíces, memorias y vínculos entre la población y el territorio.
Particularmente en las islas –nos cuentan– el rescate de la toponimia ha sido resultado de un trabajo asociado con representantes genuinos del Pueblo Raizal. Y, como producto de ello, se lograron recopilar más de 60 nombres tradicionales, históricos y culturales representativos de esta etnia, en su lengua nativa: el creole (kriol).
A esta altura es necesario revalorar esfuerzos que se vienen adelantado desde hace más de 30 años, por ejemplo, a cargo del historiador Samuel Robinson Davis, presidente de la Casa de la Cultura de San Andrés, quien ha publicado numerosos ensayos y artículos al respecto, incluyendo algunas intervenciones memorables en escenarios públicos.
Como también la publicación del libro ‘San Andres a Herstory’ de la académica Keshia Howard Livingston, maravillosa obra novelada que además contiene un mapa con los nombres de 30 sitios habitados por los primeros raizales asentados en San Andrés como Sarah Bay, Slave Hill y Orange Hill, erróneamente rebautizado como ‘Loma Naranja’.
A propósito, el mencionado historiador reprueba y considera descabellada la idea de pretender cambiar o traducir los nombres originales por el hecho de estar en otro idioma o lengua, diferente al oficial: “eso sería –dice– como llamar Luna a Chía (Cundinamarca), Cayo Juanito a Jhonny Cay o yendo más lejos, The Angels a Los Ángeles en California (USA)”.
En buena hora el IGAC resolvió encaminar sus acciones por el lado abierto de la vida, fortaleciendo la cartografía del territorio insular, reivindicando así los topónimos geográficos nativos, como genuinos elementos culturales, históricos y ancestrales. Admitir una equivocación cura heridas y fortalece tanto la relación con Dios como con la sociedad.
‘Las cosas por su nombre’ es una expresión que revela claridad y la necesidad de llamar a las situaciones, productos o conceptos de manera justa y precisa para definir su identidad. Y como tal es perfecta para denominar el presente Editorial... A propósito: ¿en qué quedó aquella Ordenanza que propuso llamar a la Casa de la Cultura con el nombre de Samuel Robinson Davis?






















