
"En el reino de revés, nada el pájaro y vuela el pez…”, reza una tradicional ronda infantil que esta semana cobró vida en San Andrés al conocerse las umbrías intenciones de la Sociedad de Activos Especiales (SAE) en el sentido de actuar en contra de familias raizales cuyas propiedades ancestrales nada tienen ver con los objetivos misionales de la entidad.
En efecto, revisando su sitio web se puede colegir que la SAE es una sociedad de economía mixta vinculada al Ministerio de Hacienda que “administra, gestiona y democratiza activos provenientes de acciones ilícitas”. Además de propender por “la transparencia, confiabilidad, equidad, justicia social y ambiental, solidaridad, compromiso y efectividad”.
Toda una declaración de principios muy loable, que, en los casos que nos asistieron la semana que termina, no armonizan ni se condicen con la realidad de lo actuado contra familias que permanecen y perviven por siglos en un territorio que la propia Corte Constitucional –en varias sentencias– declaró como propiedad del Pueblo Raizal del archipiélago.
Pero que, además –como en el reino del revés– luce descomedida ante la pretensión, desde una posición dominante, de que todos los integrantes de una familia paguen por el error de uno de sus miembros en una suerte de escarmiento lapidario y colectivo, desconociendo a todas luces derechos humanos y trayectorias de bien e integridad.
Entre tanto, predios patrimoniales como humedales y manglares, son invadidos y ocupados ante los ojos de todos, incluyendo la propia autoridad ambiental, sin poder público que los restituya, pero en cambio sí se pretende expropiar por vía sumarial a dueños ancestrales de sus propiedades sin poder a la vista que haga valer y respetar sus derechos ancestrales.
Ya lo explicó con claridad meridiana la directora de la Feria del Libro de San Andrés, María Matilde Rodríguez: "aquí la sanción se pretende extender por consanguinidad. En lugar de rastrear el nexo con el delito, rastrean el parentesco, como si la familia fuera culpable por asociación". Un rapto novelesco digno del reino del revés... Donde un ladrón es vigilante y otro es juez.



















