
En Barcelona (Cataluña) la Feria del Libro Inmigrante (FILMIG), cerró con una explosión de ritmo y sabor. En la tarima, la agrupación ‘Revolución Guapachosa’, fue un estallido vibrante y sonoro que hizo que nadie pudiera quedarse sentado. Una cumbia tras otra, luego un reggae y en cada paso una emoción compartidas entre extraños que se volvieron parejas danzantes.
Este colectivo de siete músicos migrantes: seis colombianos y un argentino, es mucho más que una banda, es un cruce de caminos, de conexiones profundas que huelen a Caribe: a Barranquilla, Santa Marta y San Andrés, anudado en el fuerte lazo de los artistas Andy de la Hoz (Andy Oh!) y Lina Bastos, tamboreras de la repentista raizal radicada en Barcelona, Iris Quinny Martínez, directora de la FILMIG y figura clave en la difusión del arte migrante en Barcelona.
Pero el vínculo con San Andrés y Providencia no termina ahí. La historia de La Revolución Guapachosa entreteje una amistad musical de más de una década entre el bogotano Joche Bernal, director y baterista de la agrupación y Elkin Robinson, cantautor providenciano, radicado ahora en Mallorca. Se conocieron en un casting para el grupo Buritaca 200 y desde entonces no han parado de componer, crecer, tocar y soñar: juntos y por separado.
Joche y Elkin son parte del sueño fundacional de Souke Root, una banda de reggae con la que recorrieron Francia e Italia. Joche le enseñó la Cumbia y el Chandé y Elkin le mostró el Souk y el Soukous. Por eso la Revolución Guapachosa suena un poco a eso.
"Joche es tremendo artista, tremenda persona y un productor formidable. Dice Elkin con total admiración. “Ha batallado mucho por mantener la movida de conciertos en vivo y la movida musical en Europa”.
Alquimia seductora
La propuesta de la Revolución Guapachosa es una alquimia que suena a reggae, a cumbia y a jazz, a la movida urbana de Bogotá, a la guitarra de Diblo Divala y a la música tropical colombiana que termina por definir el género de esta banda como “guachafita psicotropical”: una descarga divertida y sincera que se mete en el torrente sanguíneo y hace a todos bailar y saltar.
Las influencias de esta agrupación son muchas. Desde la música tropical de orquesta que va desde Andrés Landero, Lucho Bermúdez, Los Corraleros de Majagual a Fruko y sus Tesos y pasando también por la gaita y el rock.
Tres mujeres potentes, son las voces principales, por eso cuando Andy Oh! , artista barranquillera nos llevó al delirio con el tema “En la buena”, su voz acoplada con las maracas, hipnotizaba y junto a ella las gloriosas voces de la samaria Lina Bastos y la caleña Sara Aldana, dos artistas completas, que también cantan, componen y conmueven, elevaron al grupo a un plano sensitivo.
Completan la Revolución Guapachosa: Miguel Guerra (Bogotá - Tambores), Nicolás Sánchez (Bogotá - Guitarra) y Sebastián Martínez (Argentina - Bajo). Cada uno con historias y grandes recorridos musicales que se entrelazan en esta propuesta colectiva que conecta con potencia y autenticidad.
Cuando Joche habla de Elkin Robinson, lo hace con igual admiración. Habla de su fuerza creativa y el respeto inquebrantable por su lengua e identidad: “Siempre cantó en inglés, nunca en español, porque sabía lo que estaba representando”, comentó. Así mismo sucede con cada integrante que aporta su identidad al grupo. Lo que son y como suenan es parte de cada esencia.
Elkin, por su parte, sigue tocando, ya sea con una banda o como solista. Viaja seguido a Barcelona y se encuentra grabando una nueva discoteca. Extraña cosas de Providencia, como hablar de pesca o reencontrarse con las conexiones del corazón. “La música migrante es una música que resiste”, dice. “Las verdaderas fusiones no son los géneros, somos nosotros los músicos, nuestras historias, todo eso es lo que queda”.
Fiesta sin fronteras
Pero no todo es fiesta para la Revolución Guapachosa. Algunos transitan en otras profesiones y proyectos. La música y las propuestas independientes en Barcelona también sobreviven, no solo se goza. “Hay que guerrear mucho, pero lo hacemos con amor”, confiesa Joche.
Barcelona, alguna vez hostil con las expresiones musicales callejeras, ha sido testigo de la transformación de Joche y Elkin. “Nos parábamos en cualquier esquina con nuestros instrumentos y amplificador cuando era un crimen hasta desenfundar tu guitarra en la calle porque llegaba la policía”, recuerda Elkin. Aun así, la calle fue la escuela de ambos porque es donde nace el arte más sincero.
Y con esa misma sinceridad, sobre esta agrupación, Elkin concluye: “Tienen un sonido que por las diferentes influencias culturales que hay por la migración misma, tienen la capacidad de llegar a mucha gente y que se sientan identificados y al final exclamas: ¡ahhh suena a Barcelona!”.
La Revolución Guapachosa es mucho más que un bailongo, es un abrazo entre San Andrés y Barcelona, entre Providencia y Bogotá. Es confirmar que migrar es sembrar cultura, es comunidad, es enriquecer territorios con nuevas formas de arte y creatividad desde el amor.
Ahora, cuando comienza el verano barcelonés, que la música de la Revolución Guapachosa suena en todas partes. Que sus canciones atraviesen plazas, festivales y corazones, porque esta música es resistencia con ritmo, es conexión, diversidad y armonía, capaz de borrar cualquier frontera.



















