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Negro, no dejes de cantar...

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Mi amigo, hoy muy enfermo... Se había ido para San Andrés, ya en el otoño de su vida, a disfrutar de su pensión, pero la soledad lo consumió. No pudo amansar la nostalgia, y se enfermó del alma. Entonces se dedicó a contemplar ese mar de colores, pensando en el ayer, en ese pasado escondido en su corazón. Hoy, el negro grande, descomunal, de voz de trueno yace enfermo en su entrañable Medellín, esa ciudad que una vez lo acogió como su hijo adoptivo. Saco del baúl de los recuerdos una nota que escribí en este espacio, como un homenaje al hombre en este instante difícil.


“Esa pelota pasó por San Andrés, y cayó en Nicaragua, exclamó Marcos Pérez Caicedo cuando la vio alejarse volando por los aires, en aquellos juegos Centroamericanos celebrados en Panamá en el año de 1970”.

La frase todavía tiene eco en el corazón de Cristopher. “Sandalio Quiñones era el pítcher de Puerto Rico, y nos tenía dominados, pues perdíamos dos por cero” –me dijo levantando los ojos al cielo, como queriendo buscar las palabras adecuadas para recordar aquel instante inolvidable.

“Habíamos llenado las bases, y le tocaba el turno a Bartolo Gaviria, pero Manía Torres, ese viejo zorro que hizo grande el béisbol colombiano de esa época, me llamó y me dijo: Negro en tus manos está el juego. Sandalio estaba crecido en el montículo, tenía una mirada de fuego, y estaba lanzando piedras. La primera bola fue un strike que no la vi, la segunda era una recta que botaba humo, solo recuerdo al coach de la inicial gritándome emocionado, corre negro, corre negro, que la sacaste del estadio, ese día le ganamos a la isla del encanto cuatro a dos”.

Este sanandresano, inmenso, con voz de miedo, hijo adoptivo de Medellín, hizo de la actividad del músculo, el canto diario para alegrar su vida. Entre el baloncesto y el béisbol, escribió su diario acontecer con letras inolvidables ancladas entre las montañas de su tierra prometida. En esa ciudad, lejos del encanto de su isla natal, sembró también los cimientos para que sus hijos caminaran y acariciaran el sendero de su huella eterna.

Ya retirado, acariciando la brisa de su mar incomparable, viviendo del recuerdo entre el sol y los colores indescriptibles de su bella isla, escribiendo sobre la arena sus memorias, me dijo con esa misma voz de espanto de siempre, “aquella vez que le hice los cuarenta puntos a México en esos Centroamericanos del 54 o 55, la prensa resaltó la hazaña diciendo, Un negro desconocido, el verdugo de México”.

Si negro, como dice la canción, “parece que fue ayer” que dejaste de ser desconocido, el tiempo no pasa en vano, sigue cantando y soñando entre los atardeceres multicolores de tu isla de encanto, y el cautivador paisaje de tus verdes montañas.

Por José Deyongh Salzedo

Publicado y tomado de EL HERALDO


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Última actualización ( Miércoles, 05 de Octubre de 2011 08:27 )  

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