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¡Miénteme que me gusta!

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EDNA.RUEDEAComenzaré por decir que para ser un buen mentiroso, hay que ser inteligente. Dicho esto, entendiendo que no doy mucha tranquilidad a las lectoras -o a los lectores-, debo confesarles que pocas veces escribo con la intensión de tranquilizar.

La mentira es egoísta: para mentir, el hombre -me refiero a la especie- debe tener una motivación y la que redondea todas las ideas es la intensión de permanecer cómodo, de evitar un castigo o de recibir una gratificación, en conclusión uno miente para que no lo jodan.

Incluso aquel que miente en pos de “salvar” a otro, lo hace porque considera que el dolor de el otro le será más penoso que el propio, y miente para evitarse el dolor moral.

La mentira es inteligente: un buen mentiroso, planea las posibles preguntas que surjan de la primera sentencia, planea también las reacciones de vuelta que tendrá cuando su afirmación,- o negación- tenga consecuencias. Planea hacia el futuro, y esa posición, como lo veremos más adelante es una de sus debilidades.

El mentiroso, se plantea una meta, lo puede hacer rápida e instintivamente, o puede ser manipulador y estratega, entendiendo la naturaleza de su interlocutor y planeando su respuesta.

Si bien no existe ningún test que evalúe la capacidad mentirosa, en relación a la inteligencia, es obvio que un buen mentiroso tiene una integridad asombrosa de todas sus funciones psíquicas: la imaginación, la memoria, la atención, la sensopercepción, el pensamiento, el lenguaje, la emotividad, la actitud, tienen sin duda que mantener una calificación alta si quiere conservar la compostura, pero la inteligencia esta en relación directa al mantenimiento de la mentira, un débil mental por ejemplo, hará mentiras más simples y fácilmente evidenciables.

El cuerpo no miente: miente solo el cerebro, y en realidad solo algunas partes de la corteza frontal, el cerebro primitivo es incapaz de hacerlo y por eso reacciona, desde la línea media con la amígdala y el tálamo que activan sistemas vegetativos que le dicen al cuerpo que está enfrentando una amenaza: que luche, que huya o que se paralice.

Estas reacciones se traducen en una dilatación pupilar, como un animal acorralado que necesita ver mejor, un aumento de la sudoración, especialmente en la frente, para mantener un sistema de refrigeración en el área que está aumentando el flujo sanguíneo, taquicardia, movimientos de los pies, imitaciones sutiles de la huida, ocultamiento de las palmas de las manos, incluso el mejor mentiroso, tendrá una oleada de histamina, dilatando sus vasos sanguíneos, enrojeciendo su rostro, incluso provocando algo de escozor en el cartílago nasal.

Un rápido consejo: un antigripal antes de mentir, disminuye los síntomas hasta hacerlos casi imperceptibles.

La mentira no se rebobina: para cualquiera es fácil mentir prospectivamente, desde atrás hacia adelante, desde ayer hasta hoy. Pero contar un relato del que no tiene un recuerdo fijo en la memoria, haciendo saltos en el tiempo, o desde lo reciente hacia lo anterior, eso es otra cosa.

Mentir requiere imaginar un evento que no sucedió, dar detalles en un memoria vacía, y como cualquiera sabe también, el exceso de detalles perjudica el relato ficticio, pues es difícil recordarlos todos cuando nunca fueron experimentados por los sentidos; por eso es bueno mantenerse simple, o acudir a eventos verdaderos para tener recuerdos que sean evocables.

La mentira exige soledad: el peor enemigo de la mentira no es la verdad, es la necesidad humana de contársela a alguien, en cuanto el narciso orgulloso de su logro, revela su secreto, empieza un circuito de paranoia que lo hará ser mas descuidado y menos coherente. Mantenga la boca cerrada.

La mentira es irascible: la mentira en cuanto no tiene sustento debe batallar más que la verdad para mantenerse, eso causa que se finjan irritaciones donde no hay malestar. El mentiroso se enoja defendiendo la mentira.

Hasta ahora, solo han pasado ante ustedes consejos para ser un buen mentiroso, para el otro lado me parece más oportuno ser paciente, si bien la mentira puede ser reconocida tarde o temprano, siempre es más interesante encontrar la motivación que originó la cadena de eventos, mejor dicho ¿Porque miente el mentiroso?

Cuando en psiquiatría estudio el simulador, me genera una suerte de sentimientos encontrados, a veces me encuentro frente a alguien que desconoce los sutiles detalles de los síntomas y pretende engañarme con una actuación muy pobre, otras veces solo la objetividad de los análisis descubre un performance impecable, pero siempre, en ambos casos, flota en el aire la pregunta: ¿Que lleva a una persona a armar un escenario semejante?

Los espacios entre lo que dice, lo que actúa y lo que calla, son siempre la respuesta.

Si usted sospecha que le mienten o si está seguro de ello, espere, deje que el mentiroso se enrede en el hilo que inventó, evalúe la calidad de la mentira para saber si se enfrenta a un bruto o a un genio y luego atúrdalo con la verdad.


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Última actualización ( Sábado, 01 de Octubre de 2011 07:33 )  

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